A veces en el torbellino de la militancia en el día a
día, entre discusiones con otras fuerzas, teóricas sobre inserciones en el
frente de masas, análisis del pasado y del presente, hipótesis sobre el futuro,
y todo esto con ese sello tan materialista (en el sentido marxista de la
palabra) que nos identifica a nosotros, los Comunistas, corremos el riesgo de
olvidar del lado más humano de nuestro ser político. Y es fundamental no
hacerlo. Veo a muchos camaradas que erradamente consideran la existencia de una
ecuación, para mi falaz, de que, a mayor frialdad, mayor “comunista” se es. Yo
caí ahí varias veces, justificable, al ser por escapar de la antípoda, de ese
caldo sentimentalista superficial que plantea el posmodernismo, también en la izquierda.
Pero hoy hace frío. Es de noche y hace frío. Y hay gente
durmiendo en la calle. Pensar que estuvimos cerca, que arrodillamos a la mayor bestia que vio la humanidad, el
nazismo, que conformamos decenas de Estados justos, progresistas, faros de esperanzas,
y tantas otras epopeyas que nos cansamos de leer en los libros de nuestros
teóricos tan halagados, y que todo eso se derrumbe en un año, en unos meses, en
un día, devasta. En lo que tarda un martillo en derribar una piedra se cerró
una etapa, ojalá trascendental.
Hay que hacer al revés también, y mirar para adelante.
Nada está asegurado, solo la lucha. Un siglo de lucha, quizás dos.
Acá está el jugo. Hasta ahí llegamos. Ya dejó de ser un
reclamo humano y teórico el cambio de modo de producción. Es una exigencia
natural. El planeta no da más, y durante un tiempo nos va a dar un changüí.
Tenemos que luchar, militar hasta la misma muerte, porque no hay alternativa. El
tiempo corre camaradas. El Socialismo espera.
Y nosotros así lo creemos. Seguro que así lo creemos,
fervientemente. Cada uno después militará en el Partido que considere, ninguno
está exento de errar. Es claro que nadie tuvo razón, porque si hoy en cada
barrio hay un nene con hambre no triunfamos, ni acá, ni en el mundo. ¿Pudimos?
Si, es triste saberlo. Pero no se terminó de escribir la historia hasta que el
universo colapse.
En el siglo pasado el triunfo era claro, todos los
Marxistas, desde los revisionistas hasta el mismo Lenin, lo afirmaban.
Triunfará el proletariado, el sepulturero del capitalismo que él mismo creó.
Pero no pasó, y estamos perdiendo. No porque Lenin haya mentido, la lucha de
clases se gana, y se pierde. Ahora nos estamos muriendo y genuinamente nadie hace nada. La cantidad de
gente del “campo popular” que verdaderamente le chupa un huevo cambiar algo es
abismal.
A veces me siento un pelotudo. Nos dicen atemporales,
errados en el análisis. “No se dan las condiciones compañero”, ¿Y para que se
dan entonces? Para que nuestra gente siga hambreada. Hay gente que simplemente
no le importa, que considera a la “política” un hobby o una forma de hacerse
conocida en su universidad.
Muchas discusiones tenemos nosotros. Sobre si la línea,
sobre si el Partido, sobre si Stalin sí o Stalin no, sobre si la guerrilla si o
la guerrilla no, sobre si Frente de Todos o Frente de Nadie. ¿Pero para qué?
Queremos que todo sea anecdótico. Un día darnos cuenta,
que esas diferencias parecen lejanas, que ahora estamos construyendo algo
juntos, nuevo, mejor. Y eso es el Socialismo no tengo duda.
No somos utópicos, sino pregúntenle al zar Nicolás si
conoció en carne propia al socialismo o no, pregúntenle a los soldados
batistianos o a los genocidas yanquis en Vietnam. Nuestro proyecto es claro,
conciso, y posible. Y esto es lo que, a nosotros, Comunistas del siglo XXI, nos
mueve la tierra. Es posible, no eventual. Nadie nos confirma nada. No es cómoda
la presión, el tiempo corre.
Sería fácil agarrar unos fierros, irse a Chiapas y
quedarse ahí haciendo el Socialismo en unas hectáreas como los zapatistas.
Sería fácil presentarse a elecciones sin disputar votos y con consignas
altisonantes, como los troskos. Más cómodo aún sería el considerar a la China
actual potencial revolucionaria…
Pero no estamos destinados a vivir cómodos los Comunistas,
nacimos para vencer, no para resistir. El Poder no nos es ajeno como clase, lo
queremos disputar.
Estamos destinados a morir. A que nadie se acuerde de
nosotros. A poder construir una sociedad, donde lo que ahora es catastrófico y
para nosotros asunto de vida o muerte, para las próximas generaciones sea
historia. Estamos destinados a ser olvidados y está bien. El quid es no ser
recordados como los que perdimos.
El siglo recién empieza, tengo fe en mis camaradas, en
los que vendrán y en los que se fueron, que por algo fue. Luchas habrá, y
estaremos. ¿Estaremos a la altura? Cada uno en su lecho de muerte podrá
juzgarlo. Respuestas va a haber, eso seguro. Nuestro rol en la historia es
fantástico, y puede llegar a dar vértigo. Pero para eso está la vida supongo
camaradas. Menos de 200 años del manifiesto y ya cambiamos todo, y todavía no
ganamos.
A vencer o morir.