24 dic 2018

El Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político.

Una de las tantas estatuas comunistas derrumbadas por las hordas fascistas en Ucrania
Desde la caída del bloque socialista en los noventa se ha difundido por todos los medios de comunicación y las esferas de poder la “noticia” del “fallecimiento del Comunismo”. Esta estrategia por parte de la burguesía para seguir ganando la lucha de clases debilita al campo popular y fortalece el poder del capital, gracias a la inserción profunda de su mensaje en la clase trabajadora. Esta avanzada anticomunista encuentra su respaldo en la renovación cultural neoliberal de los últimos treinta años promovida por la burguesía, el posmodernismo, que da como muertas las nociones políticas del siglo pasado y se centra en la superficialidad, la espontaneidad y la simpleza, generando así una distorsión de la realidad en los obreros y sus organizaciones, construyendo una figura que antes no habíamos tenido la posibilidad de analizar en toda su extensión: la izquierda posmoderna.
Este verdadero cáncer ideológico crea organizaciones que, bajo banderas de izquierda, difunden un mensaje ineficiente, pasivo, derrotista, alejado de la realidad, y confuso, sobre la lucha de clases. Muchos de estos sectores se definen Socialistas, pero bajo el eslogan revisionista de refundación del Marxismo generan un rejunte ideológico que lo único que logra es garantizarle gobernabilidad al enemigo.
Por estos días se ve la proliferación de organizaciones (sobre todo con sectores mayoritariamente estudiantiles o pequeñoburgueses) que dejan el estudio teórico a un lado y ejecutan la práctica espontánea de lo que ellos consideran emancipador, alternativo, o simplemente molesto, en general manteniéndose en una simple reacción de los sucesos sin planteamientos políticos propios, demostrando así el desconocimiento total de las reflexiones de Lenin en “Que hacer” (más vigentes que nunca) que desarrollaba como los movimientos espontáneos dentro de un marco burgués (es decir, sin teoría Marxista en ellos) solo pueden moverse en el marco político que le dé la burguesía, incapacitando así su catálogo de tácticas y análisis, y cercenando su potencial revolucionario. Un partido que no haga un análisis dialéctico de la situación de clases con miras a alcanzar el Socialismo no puede ni soñar con derrumbar al Capitalismo (y ni hablar de las organizaciones que ni plantean luchar contra el mismo pero siguen exigiendo ser llamadas de izquierda). Es muy común ver también en estas fuerzas nociones muy ambiguas y abstractas que son tomadas como definiciones políticas de la mas absoluta seriedad, tales como "latinoamericanistas", "rebelde", o "populares", que no son más que simples palabras al no tener un programa Marxista-Leninista que plantee la ejecución y adminsitración de un aparato estatal garantizador de todos los términos tan biensonantes y agradables que proliferan en la izquierda hoy día. Parece que la no definición y el afán de renovar lo que "fue derrotado el siglo pasado" es el objetivo de los ideólogos de estas fuerzas ¿Estos dirigentes sabrán lo dañinas que son sus ideas para el pueblo al impedir su organización verdaderamente revolucionaria? Si no lo saben son crédulos y si lo saben son traidores, siendo incapaces de una u otra forma de llevar a cabo eficientemente la lucha de clases.
Es llamativo el derrotismo en muchos de nuestros compañeros militantes de estas fuerzas, la constante victimización y el intento de generar la divisón de buenos-malos (corriendo el foco de la lucha de clases y fijándola en un campo mas poético y hasta metafísico), completamente comprensible si vemos que estos militantes no planifican en su fuerza un plan revolucionario, no proyectan una meta, sino que esperan por azar vencer una lucha centenaria que ven constantemente derrotada y de la que ni siquiera intentan definir el índole de la misma, viéndose sin sogas donde agarrarse al ahogarse en el desconcierto y la abstracción ideológica, directamente nacidos de su posmodernismo ideológico inconscientemente asimilado. Huelga aclarar que muchas organizaciones kirchneristas también son partícipes de estas nociones antimarxistas pero al ser un sector que no plantea el derrumbe del Capitalismo no tiene sentido echarles en cara estos accionares que le vienen como anillo al dedo para sostener ideológicamente su reformismo y falta de profundización.
El problema entonces son las organizaciones de izquierda contaminadas por el posmodernismo que toman al Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político, como objetivo partidario, como modelo de sociedad y como único plan Revolucionario concreto.
 Pero ¿Por qué esto es tan alarmante? ¿No es mas preocupante la avanzada de la derecha? No podemos hablar de derrotar a la derecha teniendo un campo popular que no solo está pésimamente organizado sino que desde sus raíces incuba estas nociones tan dañinas, ya desarrolladas anteriormente, que impiden la realización efectiva de todo proyecto político profundo y anticapitalista. No faltan las organizaciones de ésta índole que plantean el retorno del Kirchnerismo para luego ya más cómodas pensar en la lucha de clases y en el Socialismo. El análisis Marxista se hace todo el tiempo y si bien no es descabellado llegar a la conclusión de que un gobierno Kirchnerista sería el primer paso lógico, el no plantear una serie de medidas inmediatas de índole revolucionarias y Socialistas (cosa que no hacen) es caer en el confort que constantemente plantea el posmodernismo del autopercibimiento revolucionario pero la completa funcionalidad a la burguesía. Y esta es una conclusión interesante: El posmodernismo hace constamente análisis con aires revolucionarios sobre aristas de la sociedad completamente inútiles, tales como la composición orgánica de una pareja, la violencia en el fútbol o las inmoralidades de ser carnívoros, no dejando lugar a la proyección revolucionaria real y tangible.
¿Cómo contrarrestar esto? Militando un Partido que tenga un análisis de clase, que se plantee al Socialismo como única opción política efectiva y organice sus tácticas y estrategias en base a este fin, que no caiga en espontaneidades y simples reacciones, que sea ajeno y enemigo declarado del posmodernismo, que lleve a cabo la lucha dialécticamente, generando y dirigiendo espacios políticos allí donde la clase trabajadora los exija. Un Partido Marxista-Leninista. En mi opinión, el Partido Comunista de la Argentina.
Es cierto que en la gran mayoría de países (y Argentina no es la excepción) los PC’s se han visto afectados en las últimas décadas, alejados de la vida política nacional, disminuída su militancia y relegados a los libros de historia (demostrando así una vez más el triunfo de la avanzada neoliberal mediante el posmodernismo en la visión cultural obrera, al ser fortalecidos con la misma proporción las fuerzas antimarxistas en la izquierda y el poder del capital), pero también es cierto que está habiendo una nueva generación de Comunistas, alejados del negativismo de los camaradas que vieron el derrumbe socialista en el siglo pasado, que plantean un Marxismo-Leninismo libre de revisionismos y mantienen una visión fresca y optimista sobre la lucha revolucionaria, y es ésta una generación de revolucionarios que cada vez se aglutina más y más en torno a los Partidos Comunistas de sus respectivos países, luchando por hacerles llegar a los trabajadores nuevamente la única herramienta política en la historia que ha representado y representará sus intereses de clase y les asegura el triunfo del Socialismo, única escapatoria a las injusticias. Las ventajas del Partido Comunista por sobre el resto del campo popular (sin desmerecer jamás al resto de los compañeros) son varias, y resumidamente podemos nombrar la existencia de un aparato partidario centenario preparado para cualquier revés y para cualquier clase de lucha, organismos de formación ideológica de excelencia regional y de completa accesibilidad, espacios de discusión intrapartidarios envidiables por cualquier otro partido, prestigio histórico y respeto societario, conexión internacionalista extremadamente necesaria en estos días entre Partidos Comunistas de todo el mundo, y un gran etcétera.
20° Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros en Atenas, Grecia, noviembre 2018. 
Ahora se está dando por primera vez en Argentina y en el mundo la dicotomía entre la izquierda posmoderna, funcional, antidialéctica, vacía, revisionista, alejada de los intereses obreros, y muy dañina, y la juventud Marxista-Leninista renovada, con aceitados conocimientos revolucionarios, grandes ideas y programas, poseedora de un aparato partidario abrumadoramente superior, y profundas convicciones ideológicas.
Y es en esta coyuntura que el todavía militar en las agrupaciones tergiversadoras de términos, carentes de horizontes revolucionarios, funcionales por lo tanto al Capitalismo y traidoras a su clase, es totalmente falto de explicación. Los Partidos Comunistas y el Partido Comunista de la Argentina poseen muchas controversias y contradicciones tanto históricas como internas (como toda organización nacida en la clase obrera), pero a la par posee toda la serie de herramientas maravillosas ya nombradas, herencia más que valiosa de los camaradas a lo largo de más de doscientos años, ajenas a cualquier otra fuerza, que amplía las posibilidades de victoria y garantiza un sano desarrollo de la lucha revolucionaria. Nunca en ningún país hubo una experiencia popular victoriosa que no tuviese en su dirigencia o en su interior al Partido Comunista, y no es por coincidencia.
Dejemos la fraseología vacía que solo aleja a la clase trabajadora de su propio proyecto político, paremos de usar términos por compromiso, y de echarle fichas a fuerzas absolutamente vacías sin miras a la instauración del Socialismo, basta de recriminarle pequeñeces a los comunistas para así seguir excusando en definitiva la propia falta de compromiso con el Socialismo y con el pueblo. Demostremos que las ideas Marxistas no están muertas al declararle la guerra efectiva a los capitalistas.
Hoy la izquierda en Argentina parece existir solo por compromiso, para llenar el tarro, que por todos los males ya nombrados genera una funcionalidad total a la burguesía. Hagamos de la izquierda un espacio revolucionario. No perdamos la batalla cultural que el posmodernismo constantemente se plantea ganar, construyamos Comunismo en el Partido Comunista y en la Federación Juvenil Comunista y dejemos atrás la militancia fútil.

20 dic 2018

La mentira del "testamento" de Lenin


Lenin ya enfermo


La historiografía burguesa en su afán por tergiversar la historia para difamar a los movimientos revolucionarios (desde la Revolución Rusa hasta el proceso chavista en Venezuela, entre muchísimos otros) se ha puesto como meta la creación, divulgación y efusiva defensa de una serie de mentiras aberrantes y montajes ridículos que a lo largo de los años y fundamentalmente después de la caída de la Unión Soviética en 1991 se han instalado como “verdades absolutas” incuestionables y hechos consumados. Entre la enorme montaña de basura que los reaccionarios han escrito sobre el proceso soviético hay un hombre en particular, el camarada José Stalin, que se ha visto enfrentado, aún después de su muerte, a una caterva de difamaciones y falacias incongruentes y ridiculísimas. Desde los genocidios mágicos en Ucrania que no alteran el crecimiento demográfico o los encarcelamientos a nazis y terroristas totalmente faltos de justificación para los historiadores corrientes, la lista es extensísima. Pero hay un relato en particular que ha sido recogido no solo por la derecha recalcitrante sino por varios sectores que quieren ser autodenominados de izquierda (anarquistas, troskos, socialdemócratas, y gusanos varios), y este es el famoso “testamento” de Lenin. Este documento para los sectores anteriormente nombrados es la prueba definitiva, la quintaesencia de su discurso, la evidencia irrefutable de la perversión, la traición de Stalin hacia el proyecto bolchevique. Este argumento es tan maravillosamente ridículo, rebatible, falto de sentido, y escandalosamente falso, que nos viene como anillo al dedo para ver la metodología utilizada por el enemigo para difundir por todos lados su veneno, y nos enseña lo fácil que es dar vuelta el discurso anticomunista.

Antes de comenzar tenemos que tener bien en claro que Lenin jamás escribió ningún testamento, y se le denomina así erróneamente a una serie de cartas (muchas de ellas dictadas, debido a la enfermedad del camarada que le inhabilitó el escribir en los últimos meses de su vida) en un período entre finales de 1922 y comienzos de 1923, que no eran una serie de ordenes desde su camilla como lo quieren presentar (esto dicho sea de paso sería absolutamente inaceptable. Un comunista jamás dejaría un testamento diciendo quien “lo tiene que suceder” y mucho menos Lenin, siendo ésta una metodología que va en contra de todos los conceptos del funcionamiento de un Partido Comunista), sino una serie de pensamientos sobre diversos puntos de la vida política soviética que iban desde la organización agroindustrial, hasta opiniones sobre cooperativas y teorizaciones sobre las nacionalidades, y un gran etcétera, que eran presentados a los miembros del Buró Político del CC del PCUS (de ahora en más vamos a decirle PCUS al Partido Comunista de la Unión Soviética) mediante sus secretarias y su esposa. Otro punto a aclarar es que Stalin era Secretario General del PCUS desde el 2 de abril de 1922 por propuesta de Lenin y arrollador triunfo en la votación del XI Congreso del Partido.
Pero específicamente Lenin dicta (él ya no podía moverse) el 23, 24, y 25 de diciembre de 1922 una serie de pensamientos sobre la situación inestable en el CC del PCUS y las particularidades de sus miembros, pero que no son presentados al Comité en esos días, sino recién todos juntos el 28 de mayo de 1924 cuatro meses después de su muerte “por voluntad de Lenin” mediante su esposa Nadezhda Krúpskaya, a las vísperas del XIII congreso del PCUS.
Extracto del dictado del día 24 de diciembre de 1922: “El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos. Estas dos cualidades de dos destacados jefes del CC actual pueden llevar sin quererlo a la escisión, y si nuestro Partido no toma medidas para impedirlo, la escisión puede venir sin que nadie lo espere.”
Luego Lenin continúa con las impresiones personales de los demás miembros del CC (véase Bujárin, Zinóviev, Kámenev y Piakátov). Como podemos ver no hay absolutamente ninguna alusión a remover a Stalin del cargo, hay un simple aviso sobre posibles errores en la ejecución del mismo.
El 4 de enero de 1923, es decir, 10 días después, está registrado un hipotético suplemento a la carta anterior mencionada, y que es entregado junto con los demás textos en la misma fecha post mortem, que es el siguiente.

Suplemento a la carta del 24 de diciembre de 1922 emitido el 4 de enero de 1923: “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”

Aquí vemos cómo Lenin, un hombre recto en su forma de pensar toda su vida y muy poco tendente a caer bajo sus impulsos, parece cambiar en poco más de una semana de postura en un tema tan delicado como la remoción del cargo del Secretario General del Partido Comunista que el mismo había nombrado hacía poco más de un año, y si verdaderamente hubiese querido calmar las aguas en el Partido, ¿No hubiese sido más fácil echar a Trotsky, personalidad con la que dicho sea de paso ya había tenido innumerables roces? De todas formas, esta modalidad va nuevamente en contra de los funcionamientos del Partido Comunista que el camarada conocía porque fue el principal impulsor. Considero una falta de respeto atribuirle tales deseos infantiles a un comunista de la talla de Lenin. ¿Qué podría haber pasado en esos diez días que aparentemente cambiaron totalmente la forma de ver las cosas para Lenin?
Lo único que ocurrió medianamente trascendente en ese lapso de tiempo fue que Stalin se peleó con la esposa de Lenin, Nadezhda Krúpskaya, por teléfono. En serio.
Stalin fue desde sus primeras interacciones con el dirigente soviético un gran confidente y amigo de Lenin, siendo de los pocos que pueden decir que siempre estuvieron del lado leninista en todas las discusiones en el periodo prerrevolucionario, llegando incluso a quedar el primero a cuidado del último cuando sus malestares físicos empeoraron en la segunda mitad de 1921. Stalin fue el encargado designado por el CC del PCUS de cuidarlo en nombre del Partido y de asegurarse el buen desarrollo de su tratamiento médico.
Lenin y Stalin en Gorki, 1922.

En comienzos de diciembre de 1922, es decir, antes de toda la serie de dictados de Lenin sobre el CC del PCUS, la enfermedad del líder soviético empeora peligrosamente, siendo ordenado por los médicos el alejamiento de toda vida política por su salud. Stalin era el encargado de que todo esto se cumpla. Es absolutamente comprensible que Lenin haya querido seguir metido en política y el 21 de diciembre de 1922 se cartea con Trotsky mediante Krúpskaya sobre cuestiones relativas al monopolio del comercio exterior. Stalin se entera de esto el 22 de diciembre de 1922 y se comunica inmediatamente con la camarada en un tono probablemente poco grato sabiendo que estaba violando todos los postulados médicos designados. Todo esto lo sabemos por una carta de Krúpskaya a Kámenev de la cual citamos un extracto a continuación:

Carta de Krúpskaya a Kámenev el 23 de diciembre de 1922: “Stalin se ha permitido ayer una brutalidad inaudita hacia mí. Yo no ingresé ayer en el Partido. Estoy en él hace 30 años, jamás he oído ninguna palabra brutal de un camarada. Los intereses del Partido y de Illich (Lenin) no me son menos queridos que a Stalin. Ahora necesito un máximo de sangre fría. Sé mejor que cualquier médico de que puedo y de que no puedo hablar con Illich.”

No se puede culpar a Krúpskaya de cumplirle a su marido sus deseos en sus últimos días si además entendemos que tenía los nervios a flor de piel como bien relata ella cuando comenta que necesita su máximo de sangre fría. Esto podría haber quedado en una anécdota y poco más, estamos todos de acuerdo que no es para nada motivo de destitución de un Secretario General y Lenin comprendería esto mucho mejor, más habiéndolo formado él. Stalin continúa cuidando a Lenin hasta su muerte siendo su contacto más confiable, y esto es demostrado por un documento presentado por Stalin en el CC del PCUS a comienzos de marzo de 1923 en el que el Secretario General advierte de la petición de Lenin de que el primero ayude a envenenarlo, diciendo Stalin que esta petición no debería ser cumplida bajo ningún motivo y presumiblemente redoblando los cuidados sobre el mismo. No hay motivos por los que Stalin falsificaría esta situación y solo ratifica la confianza que había entre ambos líderes.

¿Entonces qué pasó entre Krúpskaya y Stalin? Lenin solo nombra la situación de la pelea en una muy dudosa carta emitida el 5 de marzo de 1923 que solo existió en copias de Kámenev y Zinóviev, que Stalin jamás parece haber recibido y que ni vale la pena citar aquí (pero al final de la entrada está el enlace), en la que Lenin amenaza con cortar la relación entre ambos si el camarada no se disculpaba con su esposa. Es extraño que exija solucionar la situación tres meses después de lo sucedido y no en la semana entre finales de diciembre y comienzos de enero donde presuntamente Lenin decide apartar a Stalin, en simultáneo que le pide a éste que lo envenene en un acto de misericordia.

Recordemos que estos documentos que presuntamente demuestran que Lenin consideró a Stalin en secreto una carga para el Partido fueron presentados después de su muerte (¿Si hay alguien que realmente es un peligro no es mejor solucionarlo inmediatamente?) y con metodologías impropias de un comunista. Es imposible no dudar de su veracidad
Veraz o no, Krúpskaya entrega el compilado de supuestas cartas reveladoras a vísperas de un Congreso muy álgido en 1924 (el XIII). En él se discutió el artículo del 4 de enero de 1923 que aparentemente solicitaba el apartamiento de Stalin del PCUS, y entre más de 700 delegados se ratificó la permanencia del cargo del Secretario General. Agrego que en este Congreso por una mayoría aplastante se consideró al trotskismo enemigo del leninismo.
De todas formas, Stalin en persona habló de esta burda mentira llamada testamento de Lenin (que inmediatamente después de su pública exposición fue utilizada por el trotskismo a nivel mundial para deslegitimar al poder soviético) ratificando su grandeza como dirigente, su capacidad de autocrítica y en mi humilde opinión su justeza en la acción.

Extraído de "La oposición trotskista, antes y ahora", discurso en la reunión del pleno conjunto del CC del PCUS el 23 de octubre de 1927:"Se dice que, en este “testamento”, el camarada Lenin proponía al Congreso que, en vista de la “rudeza” de Stalin, reflexionase acerca de la sustitución de Stalin en el cargo de Secretario General. Esto es la pura verdad. Sí, camaradas, yo soy rudo con quienes brutal y arteramente destruyen y dividen el Partido. No lo oculto ni lo he ocultado. Es posible que se requiera cierta suavidad para con los escisionistas. Pero yo no valgo para eso. En la primera reunión plenaria del C.C. después del XIII Congreso pedí ya al Pleno del C.C. que me relevara de las funciones de Secretario General. El propio Congreso examinó esta cuestión. Cada delegación la examinó, y todas, incluyendo a Trotsky, Kámenev y Zinóviev, impusieron por unanimidad a Stalin que permaneciera en su cargo.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer. Un año más tarde volví a pedir al Pleno que se me relevara, pero de nuevo se me impuso que permaneciera en el cargo."

Espero haber aportado a limpiar la figura de uno de nuestros mayores camaradas José Stalin, y a desmentir una de las tantas falacias que fascistas, liberales, y trotskistas, acuerdan en divulgar.

Dictados de Lenin de diciembre de 1922 e hipotético anexo de 1923
Jruschov citando la carta de Krúpskaya a Kamenev en su nefasto discurso secreto. Párrafo N°12
Hipotética carta de Lenin a Stalin el 5 de marzo de 1923
Pensamientos de Stalin

19 dic 2018

Iglesia y Estado, ¿Asuntos separados?



Antes de empezar a exponer lo que pienso sobre la campaña quiero aclarar que la situación de la Iglesia Católica en Argentina me parece nefasta, considero irrisorio el salario de casi $90.000 a los obispos y todos los demás gastos, como también me parece medieval que en la constitución de un país se establezca un culto oficial, rechazo firmemente que no estén igualmente tratadas las demás religiones, considero pésimo que en algunos lugares del país se siga impartiendo educación religiosa, y creo en el Estado laico con libertad de culto y sin financiación a ninguna religión promoviendo el pensamiento científico.
En este último año se lanzó en Argentina la campaña por la Separación de la Iglesia y el Estado con una adhesión casi inmediata, mecánica, de los sectores del campo popular (con algunas excepciones sobre todo de los sectores más pobres y vulnerados socialmente, profundamente religiosos), generando discusiones en algunas esferas de la sociedad sobre la apostasía (darse de baja de la Iglesia Católica anulando el bautismo), la educación laica, la aplicación de la ESI, el gasto del Estado en la Iglesia, y legalización del aborto, etcétera. ¿Pero todas estas discusiones, que puerto tienen? Es simple responder que se busca un Estado laico y es igualmente de fácil como marxista verse identificado en este reclamo tan antiguo como Marx, pero acá nos quiero preguntar: ¿Realmente el hacer una declaración es garante de un reclamo legítimo? ¿Existe un horizonte político para esta campaña? Yo creo que no.
Me parece que el hablar de un Estado laico estamos hablando de un Estado que imparta educación basada en preceptos científicos y no religiosos, libre de oscurantismos, y fundamentalmente que no considere como nacional ningún culto religioso, y hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero para que este proyecto se lleve a cabo tenemos que estar hablando de todo un entramado político que respalde esta decisión y que mantenga un control estrechísimo sobre la Iglesia como institución, es decir, un proyecto revolucionario socialista.
Por un momento imaginemos a la Iglesia Católica liberada del Estado, pero en un marco todavía burgués, sin las ataduras que esta campaña tanto llama a cortar bajo el grito de “Que ellos se paguen sus creencias” (dejando de lado el hecho de que “ellos” es el 80% católico de la población argentina). La Iglesia tranquilamente podrá costearse los gastos a la vez que ve el camino más despejado a operar como una empresa en toda su extensión, generando un fenómeno parecido al de los evangélicos, pero con unos números totalmente superiores, y llamando a todos sus adeptos religiosos (que reitero, son la absoluta mayoría del pueblo argentino) a defender la santa creencia, y ganando cualquier clase de escaramuza política que se propongan, ¿Realmente creemos que la Iglesia va a verse afectada si el Estado la deja de financiar? No, no lo creemos, y por eso esta campaña no tiene efecto, porque se sabe que una escisión inmediata sería una catástrofe y en el peor de los casos un sinsentido, pero se ve que por algún motivo lo seguimos reclamando, porque parece que la izquierda se comió el cuento de la derecha de que nuestros reclamos son inútiles y lo hacemos por compromiso. Por supuesto que los elementos trotskistas que presentaron esta moción en las cámaras no lo hicieron pensando en una victoria, sino que lo hicieron por inercia, porque suena revolucionario y polémico y lo tienen que hacer, pero solo demuestran así su alejamiento total de la clase trabajadora argentina y falta de visión revolucionaria.
Cito a Lenin en 1909 escribiendo un artículo titulado "Actitud del partido obrero hacia la religión" para el folleto Proletarios: “Sin embargo, Engels condenó al mismo tiempo más de una vez los intentos de quienes, con el deseo de ser "más izquierdistas" o "más revolucionarios" que la socialdemocracia, pretendían introducir en el programa del partido obrero el reconocimiento categórico del ateísmo como una declaración de guerra a la religión. Al referirse en 1874 al célebre manifiesto de los comuneros blanquistas emigrados en Londres, Engels calificaba de estupidez su vocinglera declaración de guerra a la religión, afirmando que semejante actitud era el medio mejor de avivar el interés por la religión y de dificultar la verdadera extinción de la misma. Engels acusaba a los blanquistas de ser incapaces de comprender que sólo la lucha de clase de las masas obreras, al atraer ampliamente a las vastas capas proletarias a una práctica social consciente y revolucionaria, será capaz de librar de verdad a las masas oprimidas del yugo de la religión, en tanto que declarar como misión política del partido obrero la guerra a la religión es una frase anarquista”
Para conseguir el Estado laico tenemos que tener un Estado Socialista que bajo la bandera del Partido Comunista lleve a las grandes masas trabajadoras del país a una concepción laica sobre el Estado (no necesariamente atea sobre la vida) mientras éstas están en el poder. Yo milito por un Estado laico, pero porque antes que nada milito por un Estado Socialista. Me parece que la militancia por la campaña ésta es una pérdida de tiempo total, que solo pone en discusión el laicismo en alguna que otra asamblea de una facultad, y que expone a los sectores del campo popular adherentes a esta campaña venenosa a un alejamiento gradual del pueblo y a un peligroso contraataque de la Iglesia.
El pueblo es el sujeto revolucionario y en Argentina el pueblo es católico, declararle la guerra a la religión de una manera tan estúpida y sin una plataforma política Comunista que plantee un Estado obrero sólido y un estrechísimo control sobre las instituciones eclesiásticas es perder el tiempo y de una manera muy peligrosa.
Este reclamo es fútil, inútil, sin puerto. ¿Alguien en serio cuando se pone el pañuelo naranja cree que está derrumbando la imagen pública de la Iglesia? ¿Cuándo se ponen mesas en Caballito y se logran hacer apostatar a un par de personas en serio creemos que se está perdiendo plata? No, no lo creemos, y sabemos que es todo maquillaje, pero lo seguimos haciendo porque parece que para algunos luchar por el Socialismo les sacaría mucho tiempo y el posmodernismo nos destrozó por adentro y nos hizo una máquina de reclamos parciales e inútiles.
Militemos el Estado laico, pero en su única forma posible, el Estado Socialista.




18 dic 2018

Presentación


El Comunista es ante todo un comprometido. Un comprometido con su clase, con su pueblo, con la humanidad. Un comprometido con la Revolución y el Socialismo, con la paz y la solidaridad, y que lucha incansablemente toda su vida sin obtener ni esperar nada a cambio. Un Comunista es por lo tanto, una persona absolutamente apenada, una persona que ve lo que nadie quiere ver y que dedica su vida a cambiar la realidad que se hace creer universal e inmutable. Un Comunista constantemente tiene la sensación de correr y de no llegar a ningún lado: Su condición es desesperante, su día a día, un martirio. Y en ese estado mental que desquiciaria a cualquier persona sin un compromiso tan profundo, el Comunista realiza su militancia (independientemente del hecho de si es exitosa o no) demostrándole heróicamente a su camaradas y compañeros de clase que el ser humano es un ser excepcional, capaz de sobrellevar luchas inimaginables en pos de un ideal. Pero el Comunista sigue teniendo un trabajo, una familia, círculos sociales, responsabilidades y obligaciones. El Comunista quiere cambiar el sistema capitalista pero para ello debe permanecer dentro de él, y es allí donde se da la contradicción entre los seres humanos mas nobles y comprometidos que vió nuestra especie, y el sistema mas pútrido y bestial que vió nuestra historia. Y este choque de realidad dinamiza todas las contradicciones internas que el Comunista ya afrontaba, obligándolo a enfrentar muy duramente el amanecer de un nuevo día. Y yo soy Comunista, y sin caer en egocentrismos o sentimientos de superioridad completamente contrarios a los ideales Marxistas, estoy orgulloso de mi condición revolucionaria, pero también imbuido en todos los males ya comentados y por eso me abro este espacio: Para volcar todos mis pensamientos que no encuentran un lugar para ser compartidos. No se bien si existirá otro fin mas adelante en este blog, solo se que de momento me funcionará (espero) como terapia. 
Saludos.