5 jul 2019

Es de noche y hace frío


A veces en el torbellino de la militancia en el día a día, entre discusiones con otras fuerzas, teóricas sobre inserciones en el frente de masas, análisis del pasado y del presente, hipótesis sobre el futuro, y todo esto con ese sello tan materialista (en el sentido marxista de la palabra) que nos identifica a nosotros, los Comunistas, corremos el riesgo de olvidar del lado más humano de nuestro ser político. Y es fundamental no hacerlo. Veo a muchos camaradas que erradamente consideran la existencia de una ecuación, para mi falaz, de que, a mayor frialdad, mayor “comunista” se es. Yo caí ahí varias veces, justificable, al ser por escapar de la antípoda, de ese caldo sentimentalista superficial que plantea el posmodernismo, también en la izquierda.
Pero hoy hace frío. Es de noche y hace frío. Y hay gente durmiendo en la calle. Pensar que estuvimos cerca, que arrodillamos a  la mayor bestia que vio la humanidad, el nazismo, que conformamos decenas de Estados justos, progresistas, faros de esperanzas, y tantas otras epopeyas que nos cansamos de leer en los libros de nuestros teóricos tan halagados, y que todo eso se derrumbe en un año, en unos meses, en un día, devasta. En lo que tarda un martillo en derribar una piedra se cerró una etapa, ojalá trascendental.
Hay que hacer al revés también, y mirar para adelante. Nada está asegurado, solo la lucha. Un siglo de lucha, quizás dos.
Acá está el jugo. Hasta ahí llegamos. Ya dejó de ser un reclamo humano y teórico el cambio de modo de producción. Es una exigencia natural. El planeta no da más, y durante un tiempo nos va a dar un changüí. Tenemos que luchar, militar hasta la misma muerte, porque no hay alternativa. El tiempo corre camaradas. El Socialismo espera.
Y nosotros así lo creemos. Seguro que así lo creemos, fervientemente. Cada uno después militará en el Partido que considere, ninguno está exento de errar. Es claro que nadie tuvo razón, porque si hoy en cada barrio hay un nene con hambre no triunfamos, ni acá, ni en el mundo. ¿Pudimos? Si, es triste saberlo. Pero no se terminó de escribir la historia hasta que el universo colapse.
En el siglo pasado el triunfo era claro, todos los Marxistas, desde los revisionistas hasta el mismo Lenin, lo afirmaban. Triunfará el proletariado, el sepulturero del capitalismo que él mismo creó. Pero no pasó, y estamos perdiendo. No porque Lenin haya mentido, la lucha de clases se gana, y se pierde. Ahora nos estamos muriendo y  genuinamente nadie hace nada. La cantidad de gente del “campo popular” que verdaderamente le chupa un huevo cambiar algo es abismal.
A veces me siento un pelotudo. Nos dicen atemporales, errados en el análisis. “No se dan las condiciones compañero”, ¿Y para que se dan entonces? Para que nuestra gente siga hambreada. Hay gente que simplemente no le importa, que considera a la “política” un hobby o una forma de hacerse conocida en su universidad.
Muchas discusiones tenemos nosotros. Sobre si la línea, sobre si el Partido, sobre si Stalin sí o Stalin no, sobre si la guerrilla si o la guerrilla no, sobre si Frente de Todos o Frente de Nadie. ¿Pero para qué?
Queremos que todo sea anecdótico. Un día darnos cuenta, que esas diferencias parecen lejanas, que ahora estamos construyendo algo juntos, nuevo, mejor. Y eso es el Socialismo no tengo duda.
No somos utópicos, sino pregúntenle al zar Nicolás si conoció en carne propia al socialismo o no, pregúntenle a los soldados batistianos o a los genocidas yanquis en Vietnam. Nuestro proyecto es claro, conciso, y posible. Y esto es lo que, a nosotros, Comunistas del siglo XXI, nos mueve la tierra. Es posible, no eventual. Nadie nos confirma nada. No es cómoda la presión, el tiempo corre.
Sería fácil agarrar unos fierros, irse a Chiapas y quedarse ahí haciendo el Socialismo en unas hectáreas como los zapatistas. Sería fácil presentarse a elecciones sin disputar votos y con consignas altisonantes, como los troskos. Más cómodo aún sería el considerar a la China actual potencial revolucionaria…
Pero no estamos destinados a vivir cómodos los Comunistas, nacimos para vencer, no para resistir. El Poder no nos es ajeno como clase, lo queremos disputar.
Estamos destinados a morir. A que nadie se acuerde de nosotros. A poder construir una sociedad, donde lo que ahora es catastrófico y para nosotros asunto de vida o muerte, para las próximas generaciones sea historia. Estamos destinados a ser olvidados y está bien. El quid es no ser recordados como los que perdimos.
El siglo recién empieza, tengo fe en mis camaradas, en los que vendrán y en los que se fueron, que por algo fue. Luchas habrá, y estaremos. ¿Estaremos a la altura? Cada uno en su lecho de muerte podrá juzgarlo. Respuestas va a haber, eso seguro. Nuestro rol en la historia es fantástico, y puede llegar a dar vértigo. Pero para eso está la vida supongo camaradas. Menos de 200 años del manifiesto y ya cambiamos todo, y todavía no ganamos.
A vencer o morir.

7 feb 2019

El capitalismo no sirve



La sobreproducción cada vez mayor de todos los productos
anuncia la cada vez mas caduca condición del capitalismo 

La producción mercantilista, es decir, el producir para el intercambio, es rastreable desde mucho antes del capitalismo, empezando ésta a desarrollarse desde la muerte de la comunidad primitiva, cobrando mayor relevancia y complejizándose con el paso del tiempo, principalmente desde la muerte de la economía natural, aquella forma de producción donde se producía principalmente para el consumo (como era en el esclavismo y en el feudalismo). Esta inicial producción mercantilista simple ya sentaba las bases de lo que hoy conforma la producción capitalista, tales como la división social del trabajo (diversos productores especializados en diversas ramas productivas) y el surgimiento de la propiedad privada sobre los productos del trabajo y de los medios de producción. Pero en esta forma menos desarrollada de mercantilismo, cada productor poseía sus propios medios de trabajo personales, es decir, los elementos productivos de la sociedad, los creadores de mercancía, poseían sus medios de producción.
Pero esto no tardó en cambiar. Al surgir (por diversos factores, entre ellos la asociación de ciertas empresas con los gobiernos coloniales y el subsiguiente saqueo a las tierras indígenas y sus habitantes, o el afianzamiento de los terratenientes amparados por los respectivos Estados apropiándose tierras antes campesinas) unos cuantos productores lograron enriquecerse mucho más que los demás, encontrando el camino allanado gracias a esta hipotética libre competencia que no hizo más que abrirle la puerta a lo que luego crearía los monopolios productivos.

Aquí vemos como se efectuó la evolución de la producción mercantilista de simple a capitalista, y como se mantuvieron en ambas formas de producción unas ciertas características en común. No solamente la división social del trabajo y la propiedad privada, sino también algo que parecería obvio pero que es importante definir para desarrollar los siguientes conceptos: la producción de mercancías.
¿Qué es una mercancía? Una cosa que está hecha para satisfacer necesidades, pero que, a diferencia de un mero producto, está orientada al cambio.
Lo que, a una mercancía, independientemente de su tipo, le da la capacidad de satisfacer necesidades es el ser poseedora de un valor de uso. Hay tantos valores de uso como mercancías, por ejemplo, el valor de uso de un pantalón es vestir, el de una birome es escribir, y el de un auto es transportar, pero a no confundirnos, que no todo lo que tiene un valor de uso es una mercancía, se precisa que ese valor sea producto del trabajo, y orientado a la venta. Este contenido material de la riqueza mercantil (valor de uso) es el portador del valor de cambio. ¿Qué es el valor de cambio? No es más que la capacidad de una mercancía de ser cambiada por otra, la forma social en la que se equiparan e intercambian valores de usos.


Pero el valor de uso de una birome es completamente diferente al valor de uso de un pantalón. ¿Por qué se pueden canjear estos productos? ¿Por qué ahora, con la existencia de un papel moneda, podemos reducir ambos valores de uso a una misma expresión monetaria, a una misma expresión social? Algo en común tienen que tener, sino sería imposible su intercambio. Y eso en común que tiene tanto la tijera como el pantalón es el trabajo. Mientras más trabajo cueste hacer una mercancía más alto será su valor, es decir, más trabajo contenido en el valor de uso se expresará en el valor de cambio, en su precio. Pero esta determinación de mucho o poco trabajo no puede hacerse en base al trabajo individual de cada productor de mercancías, ya que poco importa si un zapatero trabaja helándose y sin comer ni descansar, que si trabaja tranquilo en su zapatería, debido a que no va a poder vender más caro su par de zapatos al alegar lo mucho que le costó hacerlos. La magnitud del trabajo invertido no es una determinación individual, sino social. Lo que determina el valor de una mercancía es el tiempo de trabajo socialmente necesario.
Con tiempo de trabajo socialmente necesario nos referimos al requerido para producir una mercancía en condiciones normales de producción, dentro de las condiciones sociales promedio, y con el respectivo avance técnico.
Esta conclusión a la que acabamos de llegar, la de que el valor de una mercancía viene determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, es llamada en economía política ley del valor y su estudio nos deja indagar por toda la serie de contradicciones inherentes al sistema capitalista.

En la producción mercantil (y en una condición mucho más general y universal bajo la producción mercantil capitalista imperante) los productores de mercancías (y con productores no me refiero a los que verdaderamente invierten su fuerza de trabajo y crean valores de uso, sino a los que se quedan con la ganancia y son reconocidos infamemente en la sociedad con ese rótulo) producen aislados, separados de los demás, pero acercándose al resto para luchar entre sí empujados por la competencia, esforzándose por eliminar a los demás para sostener y mejorar sus posiciones en el mercado. La producción no está sujeta a ninguna planificación o programa, es una carrera por ver quién gana más, siendo la ganancia la máxima prioridad, y no sabiendo realmente la productividad de su mercancía en la sociedad, y la capacidad de venta en el mercado, hasta una vez lanzada la misma. Se produce a ciegas. El mercado esclaviza a la producción de mercancías y establece su ley, su verdadera ley, que no es otra que la de la anarquía de la producción, una ley que expresa el carácter espontáneo de la producción y del intercambio.
En este caótico escenario, la ley del valor es la que regula los precios, al fijarlos en base al tiempo de trabajo socialmente necesario.

Los monopolios bajo la anarquía de la producción crecen. Es gracioso pensar en que un actual obrero un día dijese basta y se quisiese lanzar al mercado mundial de gaseosas parpretendiendo siquiera arañar un poco de las ganancias de Pepsico o Coca-Cola. Al haber ramas enteras de la producción copadas bajo un puñado de firmas empresariales, se termina todo intento de libre competencia. Esto lo podemos constatar volviendo a la ley del valor, ya que si el tiempo de trabajo socialmente necesario se determina por rama productiva, y tenemos un grupo capitalista que hegemoniza la gran totalidad de la rama, y constatamos que esa élite empresarial posee muchísimo más capital para invertir en tecnología para reducir su tiempo de trabajo, y aumentar su productividad, se deja a todos los demás pequeños productores, que no poseen equipos científicos a su nombre y reservas de capital tan grandes, en desventaja respecto al tiempo de trabajo socialmente necesario de esa rama. Es imposible en el actual mórbido desarrollo capitalista el alcanzar a las grandes empresas que ya fijaron su propio tiempo de trabajo socialmente necesario y controlan toda la producción (bajo sus mismas reglas de juego), y los pequeños empresarios es ven rebajados a la horrorosa y desesperante condición de trabajador.

En un mundo hambreado la sobreproducción
alimenticia es la constante.
Como analizamos antes, la ley anárquica productiva capitalista genera una producción a ciegas, sin mucha certeza de cuáles son las necesidades del mercado. La igualdad de la oferta y la demanda se consigue de pura casualidad de vez en cuando. Al estar los productores aislados y enfocados en su propia ganancia y no en la utilidad a la sociedad, irán exclusivamente a las ramas productivas con poca oferta y mucha demanda, eventualmente saturando este canal, abandonándolo luego para no tener pérdida, dejando tras de sí empleados expulsados, ramas productivas vacías, se da un desarrollo  productivo ajeno a las necesidades de la sociedad, se agudizan las contradicciones puertas adentro de la economía, y se elimina todo desarrollo normal y sano de la vida económica.

Ahora es cuando suelen venir los defensores de este sistema claramente desigualitario y desventajoso para la absoluta mayoría de la población con el lema de que “el capitalismo favorece el desarrollo tecnológico”. El capitalismo como todo modelo productivo viene por una evolución social medianamente consecuente, y tiene unas tareas históricas lógicas e inclusive sanas. Sería innegable el progreso técnico alcanzado por la producción capitalista a gran escala a mediados del siglo XIX en adelante (que medio siglo de socialismo en un par de países dejó en ridículo) intentando reducir el tiempo de trabajo socialmente necesario para poder acaparar mayores porcentajes de producción y eliminar competencia, pero este progreso técnico jamás se hizo en base a las necesidades de la población, sino que se efectuó en base a las necesidades empresariales, es decir, buscando la mayor ganancia posible. Bajo el dominio de la ley de la anarquía de la producción la tecnología opera como herramienta de este desorientado y sediento capital, y es así como podemos comprender, por dar un ejemplo, el avance vertiginoso que tiene la producción armamentística y el estancamiento en tecnologías pura y exclusivamente al servicio del pueblo como por ejemplo el saneamiento de alimentos (para continuar con este ejemplo, los “avances” hechos en este campo son en base a los pesticidas para eliminar las plagas y evitar el derroche para el terrateniente, pero contaminando no solo a los consumidores de esos alimentos sino intoxicando y en muchos casos hasta matando a los peones de estos campos). Solo van a avanzar tecnológicamente las ramas que los capitalistas consideren oportunas, y con este desarrollo económico de a saltos que estamos nombrando, esto es peligrosísimo y nos limita como sociedad.

Si queremos lograr nuestra mayor productividad, si queremos determinar bien los pasos económicos a seguir, y alcanzar nuestro máximo potencial tecnológico, a la par que se dignifica y retribuye justamente el trabajo humano, es nuestro deber combatir toda idea de falso libre mercado sostenedora del capitalismo, que bajo el discurso de libre competencia, fortalece los monopolios, desorienta las ramas productivas, enferma el desarrollo de la sociedad y la conduce pura y exclusivamente al beneficio de un puñado de empresarios dueños de nuestro trabajo.


Por supuesto que existe una alternativa . Y ésa es la economía planificada socialista, de la cual planeo escribir mas pronto que tarde para completar este análisis.

25 ene 2019

¿Y quién defiende a Venezuela?





Manifestacion chavista donde se ven el "gallo rojo" insignia del Partido Comunista venezolano
que tantas veces dijo presente en la defensa de la soberanía bolivariana a pesar de las
vastas críticas internas al oficialismo del PSUV
En Venezuela desde finales del siglo pasado gracias al impulso de Chávez comenzó un proceso antiimperialista de masas, con aspiraciones primero nacionalistas, y luego socialistas, completamente nuevo en la región sudamericana (exceptuando quizás el intento de Allende en Chile extirpado casi de inmediato por el imperio) y en el país en cuestión. El escenario político allá pasó de una clásica (y aparente eterna) disputa bipartidaria entre derechosos con pequeños matices (siendo esta la tendencia en Venezuela desde 1958 con el retorno de la “democracia”, entre el más socialdemócrata Acción Democrática, y el más conservador COPEI, llegando a extremos donde a finales de la década del 80 más de un 90% de los votos se los repartieron estas dos fuerzas, eliminando todo intento de pluralidad política que hoy estos sectores tanto lloriquean). En este contexto político, el surgimiento de una nueva fuerza con tanta potencia como el chavismo generó toda una sorpresa en los politólogos venezolanos, plegándose también a esta visión los analistas internacionales, presenciando con asombro como cuando las nociones socialistas parecían muertas después del derrumbe soviético, un proceso nace con este discurso y además con facultades inéditas (entre ellas podemos destacar que el principal motor inicial del chavismo fue el ejército, revirtiendo la constante en el continente respecto a las FFAA metiéndose en política, ya que estas instituciones históricamente lo hacían por derecha), contando también con un apoyo popular verdaderamente masivo y constante a lo largo de los años. Tenemos que recordar también al Carmonazo, ese intento de golpe de Estado totalmente fallido realizado por los EEUU en abril de 2002, rotundamente rechazado por el pueblo venezolano y que sirvió como desencadenante de la radicalización ideológica chavista. Este golpe de Estado reviste unas características muy similares, por no decir idénticas, al que se está realizando por estos días.
Chávez hizo del ejército un elemento profundamente
obrero y campesino, a disposición de los intereses revolu-
cionarios.
En un intento desesperado de la derecha al ver el apoyo masivo del pueblo venezolano respecto al gobierno chavista, y presenciando como todos los intentos de desestabilización fracasaron estrepitosamente al haber en Venezuela un ejército y un pueblo comprometido con la “revolución” [1] y una oposición desbandada y mareada, desde el Cartel de Lima (ese “Grupo” que reúne a todos los presidentes sudamericanos narcos, asesinos, golpistas, y lacayos del imperio)  y Yanquilandia, se financió la juramentación anticonstitucional (y en efecto, golpista) de un tal Juan Guaidó que hasta hace una semana no conocía ni su familia, como Presidente Interino en contraste con el aparente dictatorial gobierno de Nicolás Maduro que de hecho sí fue elegido por comicios en Mayo del año pasado.
Si bien la intención no era hacer un repaso histórico del tan complicado proceso bolivariano, nos sirve para ver como la metodología imperialista parece acotada y reciclada, evidenciando que los intereses no dejaron nunca de ser los mismos, eliminar todo rastro de conciencia popular en el país con más reservas de petróleo crudo del mundo (algo que los norteamericanos ya efectuaron en Libia, Irak, y Siria).
Carmona arriba y Guaidó abajo,
mismo empleador, misma metodología
Cuando fue el Carmonazo, ese golpe de Estado del que hablamos más arriba, la figura de Chávez y un contexto regional un poco más favorable donde la derecha estaba en retroceso, enterraron todos los intereses yanquis en el olvido y fortalecieron el gobierno chavista. Luego vinieron vientos relativamente favorables para el continente, donde se llenó de gobiernos progresistas, algunos más pseudosocialistas que otros, que hicieron de Venezuela la punta de lanza de lo que parecía un proceso antiimperialista en toda su extensión. Pero todos los gobiernos (salvo el de Evo Morales en Bolivia y el ya conocido gobierno sandinista en Nicaragua) que con una débil espalda política (débil en tanto a tan falta de contenido revolucionario y en definitiva falta de verdadero contenido antiimperialista) conformaban el asta de la lanza, que tanto relució en la primera década del Siglo XXI, estallaron como cristal al chocarse con una derecha radicalizada y organizada, con un análisis de la situación de clases correcta y con el nada despreciable apoyo tanto yanqui como de la mass-media global.
Todos estos gobiernos, y las organizaciones que los sostenían, hoy están sumidas en la más absoluta confusión. El kirchnerismo en Argentina circunscribe su militancia a twittear fotos de Cristina y llevar banderas a los cacerolazos, el PT en Brasil parece decidido a no hacer una autocrítica jamás, a los correístas en Ecuador les pintó la cara su propio presidente, y en Chile ni siquiera los socialdemócratas pudieron consolidar una seguidilla de gobiernos progresistas.
Y todas estas fuerzas se la pasaron hablando de Chávez. Todas estas fuerzas se llenaron la boca hablando del compañero Maduro y del proceso tan beneficioso y “popular” (si bien los elementos netamente socialistas del chavismo se cuentan con los dedos de una mano, jamás uno escuchará a un progresista medio hablar de estas reivindicaciones como verdaderos reclamos anticapitalistas). Pero cuando sus intereses electorales se ven afectados si se defiende a Venezuela fervorosamente, cuando los intereses de la clase media que intentan interpelar sin radicalizar el discurso se pliegan al discurso oficial promovido por el macrismo bajado de la casa blanca de antichavismo explícito, los seguidores del que supo ser un gobierno tan amigo de Chávez callan. Quizás se sube algún flyer, y hasta algún comunicado, pero no se van a apersonar en las manifestaciones en contra de la agresión, no van a marcar el ataque a Venezuela como el hito político trascendental del semestre.
Pero los compañeros kirchneristas no son anticapitalistas. No les interesa cambiar el modo de producción y los cimientos de la vida en esta nación y en el mundo. Y se podrá dar la discusión muchas veces, pero esto es así, es su ideología. Lo que es más preocupante respecto a la situación venezolana es ver a elementos políticos que hasta se definen de extrema izquierda renegando de Maduro, no convocando a apoyar al pueblo venezolano, y hasta dándose el lujo de pasearse por los medios de comunicación antichavistas y dar un discurso que intenta mantener la pureza ideológica pero no deja de ceñirse al discurso preestablecido por los mismos medios. El decir ni “Maduro ni Guaidó” no es solamente no tener un análisis político serio, es demostrar donde se quiere ubicar el análisis de clase. Como decía Lenin en el “Extremismo, enfermedad infantil del Comunismo”, el compromiso con la clase obrera es lo que fortalecía al Partido Bolchevique. Y estos muchachos priman su publicación polémica en su diario digital a apoyar uno de los últimos procesos antiimperialistas de la región y que con todas las evidentes falencias sigue siendo la piedra en el zapato de Estados Unidos, y sigue marcándole la agenda nacional a Trump. En ese contexto, el criticar a Maduro tan abierta y violentamente ahora queriendo demostrar la propia superioridad moral, es una irrespetuosidad imperdonable. Imaginemos por un segundo un sujeto que se la quiera dar de izquierda y pero que cuando Pinochet le hizo el golpe a Allende no salió a marchar porque tenía críticas con su modelo económico. Esa persona automáticamente pasaría a ser, o un idiota, o un traidor. Y esta es la situación que se está dando con Venezuela. Hoy, con la más que probable invasión yanqui a nuestro país hermano, con la efervescencia derechosa anticonstitucional, y con los medios globales en contra, apoyar y luchar por la soberanía política popular venezolana y por la defensa de las conquistas del chavismo por mas mínimas que sean, que tanto hicieron patalear a la burguesía internacional, se hace un deber de todo militante de los intereses de la clase obrera. No hacerlo para no tener mala imagen, y no hacerlo por tener unas críticas menores (y primar éstos elementos individuales a todo el entramado político chavista) es, como decía arriba, o de idiota, o de traidor. Termine como termine la situación en Venezuela tomemos lista y veamos quienes son solo socialistas en el habla y quienes demuestran un compromiso hasta las últimas consecuencias para con la clase trabajadora y el Socialismo.
El Partido Comunista de la Argentina presente en la embajada de Venezuela el día Miércoles 23 de Enero defendiendo la soberanía bolivariana



[1] Encomillo Revolución no porque no considere al proceso chavista como un proceso revolucionario, sino porque hay tantas cosas a mejorar, a rehacer, que llamarlo revolucionario a secas, sin aclarar, podría traer varias confusiones de lo que es el Socialismo y lo que no.

11 ene 2019

Táctica y Estrategia




El camarada Stalin fue un revolucionario de los que no se repiten. De aquellos que ejecutan el Socialismo con mano de hierro y hasta las últimas instancias, los que jamás se doblegan frente al enemigo, los que hasta su último suspiro construyen Revolución, los que con solo ser nombrados hacen temblar y rabiar a los anticomunistas y enemigos de la clase trabajadora. Eso fue Stalin. Un comunista en toda su extensión.
José (y voy a decirle José porque me parece muy simpático) Stalin tuvo diversísimas tareas en el seno del movimiento comunista ruso, desde organizar ilegalmente el periódico Pravda en 1912 en Petrogrado, hasta arreglar exitosamente los horrores tácticos militares de Trotsky en el frente sur en la guerra civil rusa a comienzos de la década del ‘20, y si hay un denominador común entre todas estas diversas misiones designadas fue su eficiencia en la ejecución de las mismas. Una virtud que quizás en muchos procesos revolucionarios escaseó, era la que a Stalin lo hacía destacar entre sus camaradas, y así también se dio la situación cuando le tocó dirigir el primer y más importante país Socialista, la URSS. Si nos ponemos a enumerar los logros de Stalin durante el período en el que se encontró a la vanguardia del PCUS la entrada sería interminable. Pero Stalin no fue simplemente un gran estadista (como lo quieren resumir varios revisionistas temerosos de expresar su condición como tal): Stalin fue, entre muchas cosas, un gran leninista, y por extensión, un excelente teórico marxista.

Entre los muchísimos aportes teóricos al marxismo por parte del camarada Stalin encontramos sus brillantes análisis sobre los problemas de las nacionalidades en 1913 [1] (situación nada fácil en un país como la Gran Rusia pre-soviética con tantas etnias conviviendo entre sí), su análisis dialéctico, objetivo y materialista de la Revolución Rusa [2], su aporte al esbozo histórico del Partido Comunista de la URSS [3], el desenmascaramiento del enemigo trotskista [4], y principalmente, siendo este su aporte más destacado, su análisis del Leninismo [5].
Stalin hace de la obra de Lenin una extensión de la obra de Marx, elevándola a su condición científica que hoy la caracteriza, y logrando explicar brillantemente en su libro Los Fundamentos del Leninismo (lectura obligadísima para todo comunista) un compendio de conceptos tan complejos y fundamentales como los leninistas, pertrechando al pueblo soviético de un material teórico de valor incalculable y haciendo para siempre del Marxismo-Leninismo la teoría política más avanzada y evolucionada de la humanidad.

Era necesaria esta nada corta introducción para pasar al análisis más puntual de la obra de Stalin ya citada. Como marxistas tenemos que aprender a transponer los conocimientos adquiridos en obras escritas en diferentes siglos y diferentes países en las condiciones actuales de nuestro espacio y tiempo. No es una tarea fácil en lo absoluto porque requiere no solamente entender los conceptos sino internalizarlos a la par que se internaliza la situación actual de manera tal que se nos permita diseñar eficientemente el plan revolucionario.
Y acá entra Stalin y su obra Fundamentos del Leninismo, más específicamente su capítulo VII “Táctica y Estrategia” [7]. Mentiría si digo que los conceptos de Táctica y Estrategia en la ciencia política los implementa Stalin por vez primera. La yuxtaposición de ciencias militares a otras esferas de la ciencia es tan vieja como la propia ciencia bélica, pero Stalin le imprime a esta herramienta una mirada Leninista, con todo el gran análisis dialéctico que esto conlleva.
A la hora de como comunistas diseñar directivas para nuestro Partido Comunista, tanto en pequeñas esferas de militancia como en grandes, a la hora de analizar los accionares del enemigo, y a la hora de la autocrítica de pensar qué se hizo mal y como cambiarlo necesitamos un buen análisis de las Tácticas y Estrategias utilizadas y a emplear. Sin más preámbulos empecemos con mi humilde visión y aún más humilde resumen del desarrollo de Stalin sobre el tema.
El capítulo comienza haciendo un repaso del movimiento comunista de finales del siglo XIX, cuando la Segunda Internacional post-muerte de Engels difundía su mensaje reformista y conciliador para con la burguesía, haciendo de la herramienta parlamentaria la más glorificada y del proletariado una clase sin Partido real. Aquí Stalin comenta que en ese escenario “No podría haber habido una estrategia completa ni una táctica bien elaborada” y que recién cuando Lenin y el bolchevismo desarrollan fuerzas en el movimiento obrero, estos elementos se hacen eficientes y se convierten en “La ciencia de la dirección de la lucha revolucionaria del proletariado”. Eso es el Leninismo, y solo logró llegar a ese tan alto escalafón, con un buen uso de la Táctica y la Estrategia. ¿Pero de una vez por todas, que es la Táctica y la Estrategia?

Podríamos resumir y comenzar el análisis a sus nociones bélicas y de diccionario que clasifican a la Estrategia como el “plan para llegar a un objetivo”, es decir, el conjunto de acciones aplicadas para desarrollar el plan que nos dará nuestro objetivo primeramente analizado. La Táctica aparece como “el método o sistema para ejecutar algo”, más relacionado con la forma de hacer las cosas, como hacemos los pasos para alcanzar el objetivo estratégico. La Estrategia es global, completa, abarcativa, y la táctica es partes, en campo militar una escaramuza, algo de menor escala, métodos utilizados para llegar a la Estrategia. La Táctica se encuentra enmarcada dentro de la Estrategia y a ésta última la desarrollamos mediante la implementación de la (o las) primera. Puede haber diversas Tácticas para desarrollar una Estrategia. Para desarrollar la última utilizamos la primera, y la primera solo sirve si se utiliza para el desarrollo de la última. ¿Por qué esta noción en el Marxismo sería simplista? Porque la Táctica y Estrategia leninistas (o estalinistas, ambos términos son igual de difundidos y de aceptados) tiene el análisis dialéctico marxista y añade conceptos nuevos involucrados en la ejecución de los ya nombrados elementos.


ESTRATEGIA

La definición de la Estrategia en el campo marxista que hace Stalin es “La determinación de la dirección del golpe principal, del ataque del proletariado, tomando por base la etapa en que se encuentra la Revolución, en elaborar el plan adecuado para la distribución de las fuerzas revolucionarias…”. Esto es más que la determinación del plan para alcanzar un objetivo equis, acá Stalin nos habla de dirección de golpes, tener en cuenta las etapas, distribuir fuerzas, todos elementos fundamentales y en cierta manera constantes y transversales a las características espaciotemporales particulares, y he ahí la importancia de éstos conceptos, son definiciones simples y fáciles, pero no concretas y fijas, sino flexibles y adaptables, sirven de guía siempre al comunista en su análisis y lo acompañan en su ejecución.
Es fundamental conocer bien el objetivo, saber que se quiere. Si en 1903 el Partido Socialdemócrata Ruso se planteaba la implantación del régimen socialista en vez de la derrota primaria del zarismo, hubiese fracasado estrepitosamente todo el movimiento por el poco desarrollo de las fuerzas, de la conciencia de masas, la incompleta desestabilización del enemigo, etc. Por eso el objetivo se fijó bien (tirar al zar y aislar a la burguesía sacándole el apoyo popular), y ahora que el objetivo estaba fijado, seguía ver cuál iba a ser la fuerza fundamental en la realización y determinación de la Estrategia por parte del Partido Comunista (en ese caso todavía llamado Socialdemócrata): el proletariado. Pero esta fuerza fundamental también cuenta con reservas, es decir, un grupo social, una clase, que es una potencial aliada del proletariado en la realización de la estrategia pero que por diferentes motivos no está enteramente a disposición incondicional de la ejecución de la estrategia, en este caso la Revolución democrático-burguesa, y ese grupo fue el campesinado. ¿Cuál va a ser, ahora que tenemos nuestras fuerzas, la dirección del golpe? ¿A qué parte tiramos la trompada en lenguaje vulgar? Acá no nos confundamos, que si bien era el objetivo derrocarlo, no es al zarismo donde se tenía que dirigir el golpe como tal, porque si nos lanzábamos de lleno a la guerra contra el zarismo sin tener en cuenta los otros elementos enemigos que lo sostenían, perdíamos, y ese elemento era la burguesía liberal, aliada de la monarquía, su brazo político.
Listo, tenemos el tablero armado, sabemos a quién queremos derrotar (la burguesía monárquico-liberal) y para qué (aislar políticamente a este grupo mencionado y tirar al zarismo ya endeble), también tenemos nuestras fichas, nuestras fuerzas (el proletariado y en cierto modo el campesinado), pero tenemos que saber cómo tienen que actuar nuestras fuerzas para que surtan efecto, y acá nos vamos a dar cuenta que queremos que el campesinado sea un aliado seguro y firme del proletariado, que no sea una reserva endeble, y así es como tenemos que obrar a la interna. Así fue la estrategia que utilizaron los bolcheviques desde 1903 a febrero de 1917 cuando el zar finalmente cae.

Hago un paréntesis. Esse es el lapso de tiempo (1903-1917) que da Stalin en este capítulo para analizar esa estrategia, he visto camaradas en las redes que en el medio meten a la Revolución de 1905 con su posterior derrota, haciendo del nuevo escenario uno con Estrategia renovada, pero yo considero ese análisis errado, porque al ser esta Revolución justamente derrotada, al no ser derribado el zar que era el objetivo primario, la Estrategia se mantuvo igual, y si bien es verdad que el zarismo dio ciertas concesiones (el parlamento, antes inexistente, mayores libertades de prensa, etcétera) solo fueron utilizados para conseguir efectivamente el objetivo ya planteado desde 1903, es decir, funcionaron como Táctica. 

Acá estamos viendo que la Táctica cambió pero la Estrategia fue la misma y eso es importante, pero no nos adelantemos, primero quiero dejar en claro que la determinación de la Estrategia no es una tabla estática que dice: Objetivo, Fuerzas fundamentales, Reservas, Dirección del golpe, Plan de distribución de las fuerzas, y punto, y que tenemos que ir llenándola con elementos nuevos dependiendo el país y el año en el que estemos, no es un bingo, sino un esquema a utilizar dialécticamente, una ayuda a la hora de diseñar efectivamente la Estrategia adecuada. Y digo esto porque se pueden sumar elementos al análisis Estratégico, y efectivamente se sumaron, en febrero de 1917 cuando los campesinos se convierten en una reserva confirmada del proletariado después de la caída del zar, y el contexto de la guerra imperialista convirtió al proletariado de los países vecinos en una potencial reserva del proletariado ruso. Stalin hace aquí un último apartado respecto a la Estrategia utilizada en la denominada tercera etapa, es decir, la posterior a la toma del poder por parte de los bolcheviques. Recomiendo leerla.

Stalin extiende aún más el análisis de la Estrategia analizando y dividiendo a las reservas de la Revolución en dos campos: Directas e Indirectas.

Las reservas directas son, en palabras de nuestro camarada “claras para todo el mundo”, porque en efecto, son las que se ven a simple vista sin un análisis intenso, véase el campesinado, el proletariado de los países vecinos, los revolucionarios de los países coloniales, las conquistas de la dictadura proletaria en otro país, mejor si es cercano (ésta última la agrego yo desde la perspectiva de un habitante de un país no proletario). Como vemos son bastante deducibles.

Las reservas indirectas están mas escondidas, y Stalin las califica como las contradicciones y conflictos entre clases no proletarias en el propio país (por ejemplo, como se dio en efecto antes del derrocamiento del zar en febrero de 1917 entre la monarquía y la burguesía liberal industrial urbana), y las contradicciones, conflictos, guerras, y problemas en general, entre países burgueses hostiles al Estado proletario (desde el punto de vista bolchevique) o a la fuerza revolucionaria que aún no ha alcanzado el poder (desde el punto de vista de los que no tenemos la suerte de ser bolcheviques en 1917). Como podemos ver éstas reservas son fundamentales y realmente definen el curso de la realización de la Estrategia si se emplean sabiamente, y eso fue lo que hizo Lenin, Stalin, y el resto de los camaradas, al utilizar tanto la contradicción burguesía-monarquía como la Primera Guerra Mundial para provecho de la Revolución Socialista.

Luego de definirlas, Stalin explica acertadamente que el rol principal de la dirección de la Estrategia es justamente poder utilizar bien las reservas en toda etapa de todo desarrollo, y hasta esboza unas cuatro condiciones necesarias para que esta dirección se utilice eficientemente.

Primera: Concentrar contra el punto más vulnerable del adversario nuestras fuerzas más fuertes en el momento más indicado. Stalin ejemplifica con la situación dada entre febrero y octubre de 1917, cuando el gobierno provisional democrático-burgués se veía enfrentado a las masas de miles y miles de obreros enfrentados a la guerra. Éste era el tópico mas débil del gobierno de Kerenski, éste era su punto flaco, y allí fue donde los bolcheviques concentraron sus fuerzas de propaganda, agitación, dinamizando la vanguardia revolucionaria, la fuerza principal, el proletariado, a la par que se acercaba a la reserva inmediata del campesinado, y al nuevo sujeto potencial aliado, los soldados. Se resume a saber usar estratégicamente las fuerzas de la Revolución, y Stalin cita esta excelente síntesis de Lenin que completa el punto:

"1) No jugar nunca a la insurrección, y, una vez empezada ésta, saber firmemente que hay que llevarla a término.2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy superiores, porque, de lo contrario, el enemigo, mejor preparado y organizado, aniquilará a los insurrectos.3) Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con la mayor decisión y pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. "La defensiva es la muerte de la insurrección armada".4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el momento en que sus tropas se hallen dispersas.5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso podría decirse que, a cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a toda costa la "superioridad moral" (V.I. Lenin. Obras Completas t. XXI, págs. 319-320).

Segunda: Se conecta y complementa a la primera, al sentenciar esta condición que se tiene que elegir bien el momento del golpe decisivo, el momento de comenzar la insurrección, de dar el golpe final con miras de alcanzar nuestra estrategia. Esto es cuando la crisis ha llegado a su punto culmine, cuando la vanguardia está dispuesta a la lucha con el Partido Comunista como destacamento y la reserva está decidida a sostener a la misma, y el adversario está desconcentrado, desorganizado, no está preparado para sostener el golpe bien efectuado, está enfrentado entre si, debilitados por una lucha superior a sus fuerzas. Éste punto bien analizado tiene que echar por tierra todas las mentiras reformistas socialdemócratas de que “no es el momento” “no están dadas las condiciones” “estamos en el proceso revolucionario pero el contexto nos obliga a la marcha lenta”.

Tercera: Llevar a cabo la realización Estratégica firmemente, sin vacilaciones, superando todos los obstáculos, complicaciones, diferencias, e interrupciones. Es decir, no perder el rumbo. No dejarse desmotivar por las probables malas condiciones de lucha, y no dejarse engañar por las soluciones conciliadoras y desmovilizantes que propone la burguesía o el enemigo en general.

Cuarta: Retirarse organizadamente cuando la correlación de fuerzas lo exige. Poder maniobrar bien nuestras fuerzas y sobre todo nuestras reservas cuando tenemos que retroceder, para no perder en el camino elementos fundamentales, para no fortalecer al enemigo, y para preparar al partido proletario para próximos períodos ascensionales. Cabe destacar que en general, y el proceso bolchevique en la Revolución Rusa (si entendemos a esta como un proceso comenzado desde antes de la Revolución de 1905) no fue la excepción, los comunistas viven etapas done se puede vencer arrolladoramente, y etapas donde tenemos que retroceder para no ser vapuleados por el enemigo. Es nuestro deber aprender a hacerlo sin desaparecer como fuerza revolucionaria y no perder contacto con las masas. Algunos Partidos Comunistas después de la caída del muro de Berlín y del campo soviético no lograron ejercitar este punto y desaparecieron, otros a pesar de muchas dificultades sobrevivieron, estudiar estos procesos (del primer caso podría ser el Partido Comunista Italiano y del segundo el Partido Comunista Argentino o el Griego) es necesario para comprender como retirarse y cuándo.





TÁCTICA

Stalin acá muy sabiamente sabiendo que yo iba a hacer esta entrada 95 años después me ayuda y resume en un único párrafo la Táctica leninista y tratar de mejorarlo sería un insulto:

La táctica consiste en determinar la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o de reflujo del movimiento, de ascenso o de descenso de la revolución; la táctica es la lucha por la aplicación de esta línea de conducta mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y de organización por formas nuevas, de las viejas consignas por consignas nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc., etc. Mientras el fin de la estrategia es ganar la guerra, supongamos, contra el zarismo o contra la burguesía, llevar a término la lucha contra el zarismo o contra la burguesía, la táctica persigue objetivos menos esenciales, pues no se propone ganar la guerra tomada en su conjunto, sino tal o cual batalla, tal o cual combate, llevar a cabo con éxito esta o aquella campaña, esta o aquella acción, en correspondencia con la situación concreta del período dado de ascenso o descenso de la revolución. La táctica es una parte de la estrategia, a la que está supeditada, a la que sirve.

La Táctica cambia decenas de veces, y se renueva otras tantas, en consideración de las exigencias de la Estrategia sabiendo que ésta se mantendrá igual hasta no ser el escenario cambiado rotundamente (esto puede ser o por una victoria nuestra, o por una estrategia del enemigo de cambiar el terreno, véase por ejemplo instalando una dictadura, o llevando al fascismo al poder) y apuntando hacia su realización. Habrá períodos donde el movimiento será ascensional y la Táctica será ganar en todos los terrenos donde se pueda, y en otros la Táctica será el no perder terreno y retirarse organizadamente tratando de mantener la mayor estructura posible cuando el período sea de reacción extrema y la fuerza enemiga nos supere.

Como en el apartado de la Estrategia, Stalin nos brinda una serie de puntos que son condiciones necesarias para llevar una buena dirección Táctica.

Primera: Comienza nuestro camarada con este párrafo:

“Hacer pasar a primer término las formas de lucha y organización que correspondan en mayor grado a las condiciones de flujo o reflujo del movimiento en un momento dado, y sean susceptibles de facilitar y asegurar la conducción de las masas hacia las posiciones revolucionarias, la conducción de las masas de millones de hombres hacia el frente de la revolución y su emplazamiento en el frente revolucionario”

Resumámoslo en hacer siempre lo que eleva la consciencia de los trabajadores sobre su situación de clase, y dirigir la táctica a que esta clarividencia de las masas sea la que garantice el desarrollo estratégico. Ejemplifico con el acertado paralelismo que hace Stalin cuando recuerda la participación en la Duma (parlamento zarista) por parte de los bolcheviques luego de la Revolución fallida de 1905. El pueblo creía en su ignorancia impuesta que el parlamento era algo bueno, una buena herramienta para conquistar derechos. Los bolcheviques para demostrar que esto no era así, tenían que actuar en él, y hacer clara la condición fútil del mismo, y en efecto, eso hicieron. Y para no perdernos constantemente en paralelismos con los soviéticos y dar algo más nacional y actual, la absoluta mayoría de los trabajadores sindicalizados en Argentina están en sindicatos entregadores, con conducciones en su gran mayoría traidoras, con poquísimo interés genuino en elevar la condición de vida de los proletarios y que ven como una herramienta empresarial la lucha sindical (los sindicatos contrarrevolucionarios en nuestro país son muchísimos y el que destaca es el más importante y al que siempre los trabajadores le rinden dádivas, la CGT). ¿Qué hacemos con éste escenario? Si nuestra estrategia consiste en hacer al pueblo trabajador argentino revolucionario necesitamos que se alejen de estas cúpulas entregadoras, pero ¿Cómo? Actuando en ellos. Llevando la voz trabajadora y comunista a estos bastiones de la conciliación de clase y demostrándole a nuestros compañeros todavía no afiliados a las fuerzas revolucionarias la inutilidad de éstas herramientas. Declararle la guerra, construir por afuera con números ínfimos, y caer en ese purismo ideológico que muchos sectores de la izquierda hoy hacen gala es una táctica que sencillamente no sirve.

Segunda: Encontrar el elemento indicado, ese eslabón de la cadena de herramientas Tácticas que es el que hay que dinamizar, explotar, utilizar, enfocar, priorizar, destacar entre la serie de tareas del Partido aquella que requiere un trabajo inmediato y que asegura la solución con éxito de las demás tareas y nos abre las posibilidades de otras. Nuestra Táctica lógicamente no puede estar enfocada a promover inutilidades, sino aquello que sea estrictamente importante, y esto es lógico pero muchas veces cuesta ver el terreno lateralmente e identificar estos elementos. Por supuesto que la única herramienta que nos garantiza este análisis es la dialéctica de la Táctica y la Estrategia leninistas.
¿Y cuando el elemento no es tan altisonante, cuando el elemento a dinamizar tácticamente no es más que una herramienta burguesa, véase la participación en elecciones de cualquier tipo? Toda herramienta es legítima para la construcción revolucionaria de los pueblos siempre y cuando nos acerque un poquito mas a la Revolución. Y esta sentencia echa por tierra cualquier intento reformista de querer instalarse en el parlamento a gritar Revolución. Si no existe una renovación Táctica constante, si no existe el interés de implantar la dictadura del proletariado lo mas rápido posible, ese movimiento, ese Partido, esa línea, no es revolucionaria, es reformista, y en general juega mas en contra que a favor.


CONCLUSIONES

El análisis de la Táctica y la Estrategia de Stalin es un elemento importantísimo camaradas, y que tenemos que internalizar y aprender a usar. Pero nada más estas herramientas tendrán sentido, nada más encontraremos en este elemento de franca naturaleza leninista el valor incalculable que realmente contiene, cuando lo enmarquemos en la proyección programática del Partido Comunista. Necesitamos cada vez más trabajadores revolucionarios, pero si los que ya pertenecen a esta categoría están divididos, desmovilizados, desorganizados, o agrupados en Partidos reformistas que es aún peor, no llegamos a ningún lado.
Hagamos del Partido Comunista el baluarte de la Táctica y Estrategia adecuados a nuestra etapa. Demostremos que el Marxismo-Leninismo no morirá hasta que no haya un solo obrero sin pan, un solo infante en situación de calle. Hagamos del siglo pasado solo un mal sueño para la burguesía, y de éste un infierno en vida.



[1]J.Stalin: La cuestión nacional (1913)
[2]J.Stalin: Revolución de Octubre y la Táctica de los Comunistas Rusos (1924)
[3] Comité Central del PC(b) de la URSS: Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS (1939)
[4] J.Stalin: Trotskismo o Leninismo (1924)
[5] J. Stalin: Fundamentos del Leninismo (1924)
[6] J. Stalin: Fundamentos del Leninismo cap. VII(1924)


24 dic 2018

El Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político.

Una de las tantas estatuas comunistas derrumbadas por las hordas fascistas en Ucrania
Desde la caída del bloque socialista en los noventa se ha difundido por todos los medios de comunicación y las esferas de poder la “noticia” del “fallecimiento del Comunismo”. Esta estrategia por parte de la burguesía para seguir ganando la lucha de clases debilita al campo popular y fortalece el poder del capital, gracias a la inserción profunda de su mensaje en la clase trabajadora. Esta avanzada anticomunista encuentra su respaldo en la renovación cultural neoliberal de los últimos treinta años promovida por la burguesía, el posmodernismo, que da como muertas las nociones políticas del siglo pasado y se centra en la superficialidad, la espontaneidad y la simpleza, generando así una distorsión de la realidad en los obreros y sus organizaciones, construyendo una figura que antes no habíamos tenido la posibilidad de analizar en toda su extensión: la izquierda posmoderna.
Este verdadero cáncer ideológico crea organizaciones que, bajo banderas de izquierda, difunden un mensaje ineficiente, pasivo, derrotista, alejado de la realidad, y confuso, sobre la lucha de clases. Muchos de estos sectores se definen Socialistas, pero bajo el eslogan revisionista de refundación del Marxismo generan un rejunte ideológico que lo único que logra es garantizarle gobernabilidad al enemigo.
Por estos días se ve la proliferación de organizaciones (sobre todo con sectores mayoritariamente estudiantiles o pequeñoburgueses) que dejan el estudio teórico a un lado y ejecutan la práctica espontánea de lo que ellos consideran emancipador, alternativo, o simplemente molesto, en general manteniéndose en una simple reacción de los sucesos sin planteamientos políticos propios, demostrando así el desconocimiento total de las reflexiones de Lenin en “Que hacer” (más vigentes que nunca) que desarrollaba como los movimientos espontáneos dentro de un marco burgués (es decir, sin teoría Marxista en ellos) solo pueden moverse en el marco político que le dé la burguesía, incapacitando así su catálogo de tácticas y análisis, y cercenando su potencial revolucionario. Un partido que no haga un análisis dialéctico de la situación de clases con miras a alcanzar el Socialismo no puede ni soñar con derrumbar al Capitalismo (y ni hablar de las organizaciones que ni plantean luchar contra el mismo pero siguen exigiendo ser llamadas de izquierda). Es muy común ver también en estas fuerzas nociones muy ambiguas y abstractas que son tomadas como definiciones políticas de la mas absoluta seriedad, tales como "latinoamericanistas", "rebelde", o "populares", que no son más que simples palabras al no tener un programa Marxista-Leninista que plantee la ejecución y adminsitración de un aparato estatal garantizador de todos los términos tan biensonantes y agradables que proliferan en la izquierda hoy día. Parece que la no definición y el afán de renovar lo que "fue derrotado el siglo pasado" es el objetivo de los ideólogos de estas fuerzas ¿Estos dirigentes sabrán lo dañinas que son sus ideas para el pueblo al impedir su organización verdaderamente revolucionaria? Si no lo saben son crédulos y si lo saben son traidores, siendo incapaces de una u otra forma de llevar a cabo eficientemente la lucha de clases.
Es llamativo el derrotismo en muchos de nuestros compañeros militantes de estas fuerzas, la constante victimización y el intento de generar la divisón de buenos-malos (corriendo el foco de la lucha de clases y fijándola en un campo mas poético y hasta metafísico), completamente comprensible si vemos que estos militantes no planifican en su fuerza un plan revolucionario, no proyectan una meta, sino que esperan por azar vencer una lucha centenaria que ven constantemente derrotada y de la que ni siquiera intentan definir el índole de la misma, viéndose sin sogas donde agarrarse al ahogarse en el desconcierto y la abstracción ideológica, directamente nacidos de su posmodernismo ideológico inconscientemente asimilado. Huelga aclarar que muchas organizaciones kirchneristas también son partícipes de estas nociones antimarxistas pero al ser un sector que no plantea el derrumbe del Capitalismo no tiene sentido echarles en cara estos accionares que le vienen como anillo al dedo para sostener ideológicamente su reformismo y falta de profundización.
El problema entonces son las organizaciones de izquierda contaminadas por el posmodernismo que toman al Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político, como objetivo partidario, como modelo de sociedad y como único plan Revolucionario concreto.
 Pero ¿Por qué esto es tan alarmante? ¿No es mas preocupante la avanzada de la derecha? No podemos hablar de derrotar a la derecha teniendo un campo popular que no solo está pésimamente organizado sino que desde sus raíces incuba estas nociones tan dañinas, ya desarrolladas anteriormente, que impiden la realización efectiva de todo proyecto político profundo y anticapitalista. No faltan las organizaciones de ésta índole que plantean el retorno del Kirchnerismo para luego ya más cómodas pensar en la lucha de clases y en el Socialismo. El análisis Marxista se hace todo el tiempo y si bien no es descabellado llegar a la conclusión de que un gobierno Kirchnerista sería el primer paso lógico, el no plantear una serie de medidas inmediatas de índole revolucionarias y Socialistas (cosa que no hacen) es caer en el confort que constantemente plantea el posmodernismo del autopercibimiento revolucionario pero la completa funcionalidad a la burguesía. Y esta es una conclusión interesante: El posmodernismo hace constamente análisis con aires revolucionarios sobre aristas de la sociedad completamente inútiles, tales como la composición orgánica de una pareja, la violencia en el fútbol o las inmoralidades de ser carnívoros, no dejando lugar a la proyección revolucionaria real y tangible.
¿Cómo contrarrestar esto? Militando un Partido que tenga un análisis de clase, que se plantee al Socialismo como única opción política efectiva y organice sus tácticas y estrategias en base a este fin, que no caiga en espontaneidades y simples reacciones, que sea ajeno y enemigo declarado del posmodernismo, que lleve a cabo la lucha dialécticamente, generando y dirigiendo espacios políticos allí donde la clase trabajadora los exija. Un Partido Marxista-Leninista. En mi opinión, el Partido Comunista de la Argentina.
Es cierto que en la gran mayoría de países (y Argentina no es la excepción) los PC’s se han visto afectados en las últimas décadas, alejados de la vida política nacional, disminuída su militancia y relegados a los libros de historia (demostrando así una vez más el triunfo de la avanzada neoliberal mediante el posmodernismo en la visión cultural obrera, al ser fortalecidos con la misma proporción las fuerzas antimarxistas en la izquierda y el poder del capital), pero también es cierto que está habiendo una nueva generación de Comunistas, alejados del negativismo de los camaradas que vieron el derrumbe socialista en el siglo pasado, que plantean un Marxismo-Leninismo libre de revisionismos y mantienen una visión fresca y optimista sobre la lucha revolucionaria, y es ésta una generación de revolucionarios que cada vez se aglutina más y más en torno a los Partidos Comunistas de sus respectivos países, luchando por hacerles llegar a los trabajadores nuevamente la única herramienta política en la historia que ha representado y representará sus intereses de clase y les asegura el triunfo del Socialismo, única escapatoria a las injusticias. Las ventajas del Partido Comunista por sobre el resto del campo popular (sin desmerecer jamás al resto de los compañeros) son varias, y resumidamente podemos nombrar la existencia de un aparato partidario centenario preparado para cualquier revés y para cualquier clase de lucha, organismos de formación ideológica de excelencia regional y de completa accesibilidad, espacios de discusión intrapartidarios envidiables por cualquier otro partido, prestigio histórico y respeto societario, conexión internacionalista extremadamente necesaria en estos días entre Partidos Comunistas de todo el mundo, y un gran etcétera.
20° Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros en Atenas, Grecia, noviembre 2018. 
Ahora se está dando por primera vez en Argentina y en el mundo la dicotomía entre la izquierda posmoderna, funcional, antidialéctica, vacía, revisionista, alejada de los intereses obreros, y muy dañina, y la juventud Marxista-Leninista renovada, con aceitados conocimientos revolucionarios, grandes ideas y programas, poseedora de un aparato partidario abrumadoramente superior, y profundas convicciones ideológicas.
Y es en esta coyuntura que el todavía militar en las agrupaciones tergiversadoras de términos, carentes de horizontes revolucionarios, funcionales por lo tanto al Capitalismo y traidoras a su clase, es totalmente falto de explicación. Los Partidos Comunistas y el Partido Comunista de la Argentina poseen muchas controversias y contradicciones tanto históricas como internas (como toda organización nacida en la clase obrera), pero a la par posee toda la serie de herramientas maravillosas ya nombradas, herencia más que valiosa de los camaradas a lo largo de más de doscientos años, ajenas a cualquier otra fuerza, que amplía las posibilidades de victoria y garantiza un sano desarrollo de la lucha revolucionaria. Nunca en ningún país hubo una experiencia popular victoriosa que no tuviese en su dirigencia o en su interior al Partido Comunista, y no es por coincidencia.
Dejemos la fraseología vacía que solo aleja a la clase trabajadora de su propio proyecto político, paremos de usar términos por compromiso, y de echarle fichas a fuerzas absolutamente vacías sin miras a la instauración del Socialismo, basta de recriminarle pequeñeces a los comunistas para así seguir excusando en definitiva la propia falta de compromiso con el Socialismo y con el pueblo. Demostremos que las ideas Marxistas no están muertas al declararle la guerra efectiva a los capitalistas.
Hoy la izquierda en Argentina parece existir solo por compromiso, para llenar el tarro, que por todos los males ya nombrados genera una funcionalidad total a la burguesía. Hagamos de la izquierda un espacio revolucionario. No perdamos la batalla cultural que el posmodernismo constantemente se plantea ganar, construyamos Comunismo en el Partido Comunista y en la Federación Juvenil Comunista y dejemos atrás la militancia fútil.

20 dic 2018

La mentira del "testamento" de Lenin


Lenin ya enfermo


La historiografía burguesa en su afán por tergiversar la historia para difamar a los movimientos revolucionarios (desde la Revolución Rusa hasta el proceso chavista en Venezuela, entre muchísimos otros) se ha puesto como meta la creación, divulgación y efusiva defensa de una serie de mentiras aberrantes y montajes ridículos que a lo largo de los años y fundamentalmente después de la caída de la Unión Soviética en 1991 se han instalado como “verdades absolutas” incuestionables y hechos consumados. Entre la enorme montaña de basura que los reaccionarios han escrito sobre el proceso soviético hay un hombre en particular, el camarada José Stalin, que se ha visto enfrentado, aún después de su muerte, a una caterva de difamaciones y falacias incongruentes y ridiculísimas. Desde los genocidios mágicos en Ucrania que no alteran el crecimiento demográfico o los encarcelamientos a nazis y terroristas totalmente faltos de justificación para los historiadores corrientes, la lista es extensísima. Pero hay un relato en particular que ha sido recogido no solo por la derecha recalcitrante sino por varios sectores que quieren ser autodenominados de izquierda (anarquistas, troskos, socialdemócratas, y gusanos varios), y este es el famoso “testamento” de Lenin. Este documento para los sectores anteriormente nombrados es la prueba definitiva, la quintaesencia de su discurso, la evidencia irrefutable de la perversión, la traición de Stalin hacia el proyecto bolchevique. Este argumento es tan maravillosamente ridículo, rebatible, falto de sentido, y escandalosamente falso, que nos viene como anillo al dedo para ver la metodología utilizada por el enemigo para difundir por todos lados su veneno, y nos enseña lo fácil que es dar vuelta el discurso anticomunista.

Antes de comenzar tenemos que tener bien en claro que Lenin jamás escribió ningún testamento, y se le denomina así erróneamente a una serie de cartas (muchas de ellas dictadas, debido a la enfermedad del camarada que le inhabilitó el escribir en los últimos meses de su vida) en un período entre finales de 1922 y comienzos de 1923, que no eran una serie de ordenes desde su camilla como lo quieren presentar (esto dicho sea de paso sería absolutamente inaceptable. Un comunista jamás dejaría un testamento diciendo quien “lo tiene que suceder” y mucho menos Lenin, siendo ésta una metodología que va en contra de todos los conceptos del funcionamiento de un Partido Comunista), sino una serie de pensamientos sobre diversos puntos de la vida política soviética que iban desde la organización agroindustrial, hasta opiniones sobre cooperativas y teorizaciones sobre las nacionalidades, y un gran etcétera, que eran presentados a los miembros del Buró Político del CC del PCUS (de ahora en más vamos a decirle PCUS al Partido Comunista de la Unión Soviética) mediante sus secretarias y su esposa. Otro punto a aclarar es que Stalin era Secretario General del PCUS desde el 2 de abril de 1922 por propuesta de Lenin y arrollador triunfo en la votación del XI Congreso del Partido.
Pero específicamente Lenin dicta (él ya no podía moverse) el 23, 24, y 25 de diciembre de 1922 una serie de pensamientos sobre la situación inestable en el CC del PCUS y las particularidades de sus miembros, pero que no son presentados al Comité en esos días, sino recién todos juntos el 28 de mayo de 1924 cuatro meses después de su muerte “por voluntad de Lenin” mediante su esposa Nadezhda Krúpskaya, a las vísperas del XIII congreso del PCUS.
Extracto del dictado del día 24 de diciembre de 1922: “El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos. Estas dos cualidades de dos destacados jefes del CC actual pueden llevar sin quererlo a la escisión, y si nuestro Partido no toma medidas para impedirlo, la escisión puede venir sin que nadie lo espere.”
Luego Lenin continúa con las impresiones personales de los demás miembros del CC (véase Bujárin, Zinóviev, Kámenev y Piakátov). Como podemos ver no hay absolutamente ninguna alusión a remover a Stalin del cargo, hay un simple aviso sobre posibles errores en la ejecución del mismo.
El 4 de enero de 1923, es decir, 10 días después, está registrado un hipotético suplemento a la carta anterior mencionada, y que es entregado junto con los demás textos en la misma fecha post mortem, que es el siguiente.

Suplemento a la carta del 24 de diciembre de 1922 emitido el 4 de enero de 1923: “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”

Aquí vemos cómo Lenin, un hombre recto en su forma de pensar toda su vida y muy poco tendente a caer bajo sus impulsos, parece cambiar en poco más de una semana de postura en un tema tan delicado como la remoción del cargo del Secretario General del Partido Comunista que el mismo había nombrado hacía poco más de un año, y si verdaderamente hubiese querido calmar las aguas en el Partido, ¿No hubiese sido más fácil echar a Trotsky, personalidad con la que dicho sea de paso ya había tenido innumerables roces? De todas formas, esta modalidad va nuevamente en contra de los funcionamientos del Partido Comunista que el camarada conocía porque fue el principal impulsor. Considero una falta de respeto atribuirle tales deseos infantiles a un comunista de la talla de Lenin. ¿Qué podría haber pasado en esos diez días que aparentemente cambiaron totalmente la forma de ver las cosas para Lenin?
Lo único que ocurrió medianamente trascendente en ese lapso de tiempo fue que Stalin se peleó con la esposa de Lenin, Nadezhda Krúpskaya, por teléfono. En serio.
Stalin fue desde sus primeras interacciones con el dirigente soviético un gran confidente y amigo de Lenin, siendo de los pocos que pueden decir que siempre estuvieron del lado leninista en todas las discusiones en el periodo prerrevolucionario, llegando incluso a quedar el primero a cuidado del último cuando sus malestares físicos empeoraron en la segunda mitad de 1921. Stalin fue el encargado designado por el CC del PCUS de cuidarlo en nombre del Partido y de asegurarse el buen desarrollo de su tratamiento médico.
Lenin y Stalin en Gorki, 1922.

En comienzos de diciembre de 1922, es decir, antes de toda la serie de dictados de Lenin sobre el CC del PCUS, la enfermedad del líder soviético empeora peligrosamente, siendo ordenado por los médicos el alejamiento de toda vida política por su salud. Stalin era el encargado de que todo esto se cumpla. Es absolutamente comprensible que Lenin haya querido seguir metido en política y el 21 de diciembre de 1922 se cartea con Trotsky mediante Krúpskaya sobre cuestiones relativas al monopolio del comercio exterior. Stalin se entera de esto el 22 de diciembre de 1922 y se comunica inmediatamente con la camarada en un tono probablemente poco grato sabiendo que estaba violando todos los postulados médicos designados. Todo esto lo sabemos por una carta de Krúpskaya a Kámenev de la cual citamos un extracto a continuación:

Carta de Krúpskaya a Kámenev el 23 de diciembre de 1922: “Stalin se ha permitido ayer una brutalidad inaudita hacia mí. Yo no ingresé ayer en el Partido. Estoy en él hace 30 años, jamás he oído ninguna palabra brutal de un camarada. Los intereses del Partido y de Illich (Lenin) no me son menos queridos que a Stalin. Ahora necesito un máximo de sangre fría. Sé mejor que cualquier médico de que puedo y de que no puedo hablar con Illich.”

No se puede culpar a Krúpskaya de cumplirle a su marido sus deseos en sus últimos días si además entendemos que tenía los nervios a flor de piel como bien relata ella cuando comenta que necesita su máximo de sangre fría. Esto podría haber quedado en una anécdota y poco más, estamos todos de acuerdo que no es para nada motivo de destitución de un Secretario General y Lenin comprendería esto mucho mejor, más habiéndolo formado él. Stalin continúa cuidando a Lenin hasta su muerte siendo su contacto más confiable, y esto es demostrado por un documento presentado por Stalin en el CC del PCUS a comienzos de marzo de 1923 en el que el Secretario General advierte de la petición de Lenin de que el primero ayude a envenenarlo, diciendo Stalin que esta petición no debería ser cumplida bajo ningún motivo y presumiblemente redoblando los cuidados sobre el mismo. No hay motivos por los que Stalin falsificaría esta situación y solo ratifica la confianza que había entre ambos líderes.

¿Entonces qué pasó entre Krúpskaya y Stalin? Lenin solo nombra la situación de la pelea en una muy dudosa carta emitida el 5 de marzo de 1923 que solo existió en copias de Kámenev y Zinóviev, que Stalin jamás parece haber recibido y que ni vale la pena citar aquí (pero al final de la entrada está el enlace), en la que Lenin amenaza con cortar la relación entre ambos si el camarada no se disculpaba con su esposa. Es extraño que exija solucionar la situación tres meses después de lo sucedido y no en la semana entre finales de diciembre y comienzos de enero donde presuntamente Lenin decide apartar a Stalin, en simultáneo que le pide a éste que lo envenene en un acto de misericordia.

Recordemos que estos documentos que presuntamente demuestran que Lenin consideró a Stalin en secreto una carga para el Partido fueron presentados después de su muerte (¿Si hay alguien que realmente es un peligro no es mejor solucionarlo inmediatamente?) y con metodologías impropias de un comunista. Es imposible no dudar de su veracidad
Veraz o no, Krúpskaya entrega el compilado de supuestas cartas reveladoras a vísperas de un Congreso muy álgido en 1924 (el XIII). En él se discutió el artículo del 4 de enero de 1923 que aparentemente solicitaba el apartamiento de Stalin del PCUS, y entre más de 700 delegados se ratificó la permanencia del cargo del Secretario General. Agrego que en este Congreso por una mayoría aplastante se consideró al trotskismo enemigo del leninismo.
De todas formas, Stalin en persona habló de esta burda mentira llamada testamento de Lenin (que inmediatamente después de su pública exposición fue utilizada por el trotskismo a nivel mundial para deslegitimar al poder soviético) ratificando su grandeza como dirigente, su capacidad de autocrítica y en mi humilde opinión su justeza en la acción.

Extraído de "La oposición trotskista, antes y ahora", discurso en la reunión del pleno conjunto del CC del PCUS el 23 de octubre de 1927:"Se dice que, en este “testamento”, el camarada Lenin proponía al Congreso que, en vista de la “rudeza” de Stalin, reflexionase acerca de la sustitución de Stalin en el cargo de Secretario General. Esto es la pura verdad. Sí, camaradas, yo soy rudo con quienes brutal y arteramente destruyen y dividen el Partido. No lo oculto ni lo he ocultado. Es posible que se requiera cierta suavidad para con los escisionistas. Pero yo no valgo para eso. En la primera reunión plenaria del C.C. después del XIII Congreso pedí ya al Pleno del C.C. que me relevara de las funciones de Secretario General. El propio Congreso examinó esta cuestión. Cada delegación la examinó, y todas, incluyendo a Trotsky, Kámenev y Zinóviev, impusieron por unanimidad a Stalin que permaneciera en su cargo.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer. Un año más tarde volví a pedir al Pleno que se me relevara, pero de nuevo se me impuso que permaneciera en el cargo."

Espero haber aportado a limpiar la figura de uno de nuestros mayores camaradas José Stalin, y a desmentir una de las tantas falacias que fascistas, liberales, y trotskistas, acuerdan en divulgar.

Dictados de Lenin de diciembre de 1922 e hipotético anexo de 1923
Jruschov citando la carta de Krúpskaya a Kamenev en su nefasto discurso secreto. Párrafo N°12
Hipotética carta de Lenin a Stalin el 5 de marzo de 1923
Pensamientos de Stalin