7 feb 2019

El capitalismo no sirve



La sobreproducción cada vez mayor de todos los productos
anuncia la cada vez mas caduca condición del capitalismo 

La producción mercantilista, es decir, el producir para el intercambio, es rastreable desde mucho antes del capitalismo, empezando ésta a desarrollarse desde la muerte de la comunidad primitiva, cobrando mayor relevancia y complejizándose con el paso del tiempo, principalmente desde la muerte de la economía natural, aquella forma de producción donde se producía principalmente para el consumo (como era en el esclavismo y en el feudalismo). Esta inicial producción mercantilista simple ya sentaba las bases de lo que hoy conforma la producción capitalista, tales como la división social del trabajo (diversos productores especializados en diversas ramas productivas) y el surgimiento de la propiedad privada sobre los productos del trabajo y de los medios de producción. Pero en esta forma menos desarrollada de mercantilismo, cada productor poseía sus propios medios de trabajo personales, es decir, los elementos productivos de la sociedad, los creadores de mercancía, poseían sus medios de producción.
Pero esto no tardó en cambiar. Al surgir (por diversos factores, entre ellos la asociación de ciertas empresas con los gobiernos coloniales y el subsiguiente saqueo a las tierras indígenas y sus habitantes, o el afianzamiento de los terratenientes amparados por los respectivos Estados apropiándose tierras antes campesinas) unos cuantos productores lograron enriquecerse mucho más que los demás, encontrando el camino allanado gracias a esta hipotética libre competencia que no hizo más que abrirle la puerta a lo que luego crearía los monopolios productivos.

Aquí vemos como se efectuó la evolución de la producción mercantilista de simple a capitalista, y como se mantuvieron en ambas formas de producción unas ciertas características en común. No solamente la división social del trabajo y la propiedad privada, sino también algo que parecería obvio pero que es importante definir para desarrollar los siguientes conceptos: la producción de mercancías.
¿Qué es una mercancía? Una cosa que está hecha para satisfacer necesidades, pero que, a diferencia de un mero producto, está orientada al cambio.
Lo que, a una mercancía, independientemente de su tipo, le da la capacidad de satisfacer necesidades es el ser poseedora de un valor de uso. Hay tantos valores de uso como mercancías, por ejemplo, el valor de uso de un pantalón es vestir, el de una birome es escribir, y el de un auto es transportar, pero a no confundirnos, que no todo lo que tiene un valor de uso es una mercancía, se precisa que ese valor sea producto del trabajo, y orientado a la venta. Este contenido material de la riqueza mercantil (valor de uso) es el portador del valor de cambio. ¿Qué es el valor de cambio? No es más que la capacidad de una mercancía de ser cambiada por otra, la forma social en la que se equiparan e intercambian valores de usos.


Pero el valor de uso de una birome es completamente diferente al valor de uso de un pantalón. ¿Por qué se pueden canjear estos productos? ¿Por qué ahora, con la existencia de un papel moneda, podemos reducir ambos valores de uso a una misma expresión monetaria, a una misma expresión social? Algo en común tienen que tener, sino sería imposible su intercambio. Y eso en común que tiene tanto la tijera como el pantalón es el trabajo. Mientras más trabajo cueste hacer una mercancía más alto será su valor, es decir, más trabajo contenido en el valor de uso se expresará en el valor de cambio, en su precio. Pero esta determinación de mucho o poco trabajo no puede hacerse en base al trabajo individual de cada productor de mercancías, ya que poco importa si un zapatero trabaja helándose y sin comer ni descansar, que si trabaja tranquilo en su zapatería, debido a que no va a poder vender más caro su par de zapatos al alegar lo mucho que le costó hacerlos. La magnitud del trabajo invertido no es una determinación individual, sino social. Lo que determina el valor de una mercancía es el tiempo de trabajo socialmente necesario.
Con tiempo de trabajo socialmente necesario nos referimos al requerido para producir una mercancía en condiciones normales de producción, dentro de las condiciones sociales promedio, y con el respectivo avance técnico.
Esta conclusión a la que acabamos de llegar, la de que el valor de una mercancía viene determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, es llamada en economía política ley del valor y su estudio nos deja indagar por toda la serie de contradicciones inherentes al sistema capitalista.

En la producción mercantil (y en una condición mucho más general y universal bajo la producción mercantil capitalista imperante) los productores de mercancías (y con productores no me refiero a los que verdaderamente invierten su fuerza de trabajo y crean valores de uso, sino a los que se quedan con la ganancia y son reconocidos infamemente en la sociedad con ese rótulo) producen aislados, separados de los demás, pero acercándose al resto para luchar entre sí empujados por la competencia, esforzándose por eliminar a los demás para sostener y mejorar sus posiciones en el mercado. La producción no está sujeta a ninguna planificación o programa, es una carrera por ver quién gana más, siendo la ganancia la máxima prioridad, y no sabiendo realmente la productividad de su mercancía en la sociedad, y la capacidad de venta en el mercado, hasta una vez lanzada la misma. Se produce a ciegas. El mercado esclaviza a la producción de mercancías y establece su ley, su verdadera ley, que no es otra que la de la anarquía de la producción, una ley que expresa el carácter espontáneo de la producción y del intercambio.
En este caótico escenario, la ley del valor es la que regula los precios, al fijarlos en base al tiempo de trabajo socialmente necesario.

Los monopolios bajo la anarquía de la producción crecen. Es gracioso pensar en que un actual obrero un día dijese basta y se quisiese lanzar al mercado mundial de gaseosas parpretendiendo siquiera arañar un poco de las ganancias de Pepsico o Coca-Cola. Al haber ramas enteras de la producción copadas bajo un puñado de firmas empresariales, se termina todo intento de libre competencia. Esto lo podemos constatar volviendo a la ley del valor, ya que si el tiempo de trabajo socialmente necesario se determina por rama productiva, y tenemos un grupo capitalista que hegemoniza la gran totalidad de la rama, y constatamos que esa élite empresarial posee muchísimo más capital para invertir en tecnología para reducir su tiempo de trabajo, y aumentar su productividad, se deja a todos los demás pequeños productores, que no poseen equipos científicos a su nombre y reservas de capital tan grandes, en desventaja respecto al tiempo de trabajo socialmente necesario de esa rama. Es imposible en el actual mórbido desarrollo capitalista el alcanzar a las grandes empresas que ya fijaron su propio tiempo de trabajo socialmente necesario y controlan toda la producción (bajo sus mismas reglas de juego), y los pequeños empresarios es ven rebajados a la horrorosa y desesperante condición de trabajador.

En un mundo hambreado la sobreproducción
alimenticia es la constante.
Como analizamos antes, la ley anárquica productiva capitalista genera una producción a ciegas, sin mucha certeza de cuáles son las necesidades del mercado. La igualdad de la oferta y la demanda se consigue de pura casualidad de vez en cuando. Al estar los productores aislados y enfocados en su propia ganancia y no en la utilidad a la sociedad, irán exclusivamente a las ramas productivas con poca oferta y mucha demanda, eventualmente saturando este canal, abandonándolo luego para no tener pérdida, dejando tras de sí empleados expulsados, ramas productivas vacías, se da un desarrollo  productivo ajeno a las necesidades de la sociedad, se agudizan las contradicciones puertas adentro de la economía, y se elimina todo desarrollo normal y sano de la vida económica.

Ahora es cuando suelen venir los defensores de este sistema claramente desigualitario y desventajoso para la absoluta mayoría de la población con el lema de que “el capitalismo favorece el desarrollo tecnológico”. El capitalismo como todo modelo productivo viene por una evolución social medianamente consecuente, y tiene unas tareas históricas lógicas e inclusive sanas. Sería innegable el progreso técnico alcanzado por la producción capitalista a gran escala a mediados del siglo XIX en adelante (que medio siglo de socialismo en un par de países dejó en ridículo) intentando reducir el tiempo de trabajo socialmente necesario para poder acaparar mayores porcentajes de producción y eliminar competencia, pero este progreso técnico jamás se hizo en base a las necesidades de la población, sino que se efectuó en base a las necesidades empresariales, es decir, buscando la mayor ganancia posible. Bajo el dominio de la ley de la anarquía de la producción la tecnología opera como herramienta de este desorientado y sediento capital, y es así como podemos comprender, por dar un ejemplo, el avance vertiginoso que tiene la producción armamentística y el estancamiento en tecnologías pura y exclusivamente al servicio del pueblo como por ejemplo el saneamiento de alimentos (para continuar con este ejemplo, los “avances” hechos en este campo son en base a los pesticidas para eliminar las plagas y evitar el derroche para el terrateniente, pero contaminando no solo a los consumidores de esos alimentos sino intoxicando y en muchos casos hasta matando a los peones de estos campos). Solo van a avanzar tecnológicamente las ramas que los capitalistas consideren oportunas, y con este desarrollo económico de a saltos que estamos nombrando, esto es peligrosísimo y nos limita como sociedad.

Si queremos lograr nuestra mayor productividad, si queremos determinar bien los pasos económicos a seguir, y alcanzar nuestro máximo potencial tecnológico, a la par que se dignifica y retribuye justamente el trabajo humano, es nuestro deber combatir toda idea de falso libre mercado sostenedora del capitalismo, que bajo el discurso de libre competencia, fortalece los monopolios, desorienta las ramas productivas, enferma el desarrollo de la sociedad y la conduce pura y exclusivamente al beneficio de un puñado de empresarios dueños de nuestro trabajo.


Por supuesto que existe una alternativa . Y ésa es la economía planificada socialista, de la cual planeo escribir mas pronto que tarde para completar este análisis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario