En Venezuela desde finales del siglo pasado gracias al
impulso de Chávez comenzó un proceso antiimperialista de masas, con
aspiraciones primero nacionalistas, y luego socialistas, completamente nuevo en
la región sudamericana (exceptuando quizás el intento de Allende en Chile
extirpado casi de inmediato por el imperio) y en el país en cuestión. El
escenario político allá pasó de una clásica (y aparente eterna) disputa
bipartidaria entre derechosos con pequeños matices (siendo esta la tendencia en
Venezuela desde 1958 con el retorno de la “democracia”, entre el más
socialdemócrata Acción Democrática, y el más conservador COPEI, llegando a extremos
donde a finales de la década del 80 más de un 90% de los votos se los
repartieron estas dos fuerzas, eliminando todo intento de pluralidad política
que hoy estos sectores tanto lloriquean). En este contexto político, el
surgimiento de una nueva fuerza con tanta potencia como el chavismo generó toda
una sorpresa en los politólogos venezolanos, plegándose también a esta visión
los analistas internacionales, presenciando con asombro como cuando las
nociones socialistas parecían muertas después del derrumbe soviético, un
proceso nace con este discurso y además con facultades inéditas (entre ellas
podemos destacar que el principal motor inicial del chavismo fue el ejército,
revirtiendo la constante en el continente respecto a las FFAA metiéndose en
política, ya que estas instituciones históricamente lo hacían por derecha),
contando también con un apoyo popular verdaderamente masivo y constante a lo
largo de los años. Tenemos que recordar también al Carmonazo, ese intento de
golpe de Estado totalmente fallido realizado por los EEUU en abril de 2002, rotundamente
rechazado por el pueblo venezolano y que sirvió como desencadenante de la
radicalización ideológica chavista. Este golpe de Estado reviste unas
características muy similares, por no decir idénticas, al que se está
realizando por estos días.
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| Chávez hizo del ejército un elemento profundamente obrero y campesino, a disposición de los intereses revolu- cionarios. |
En un intento desesperado de la derecha al ver el apoyo
masivo del pueblo venezolano respecto al gobierno chavista, y presenciando como
todos los intentos de desestabilización fracasaron estrepitosamente al haber en
Venezuela un ejército y un pueblo comprometido con la “revolución” [1] y una
oposición desbandada y mareada, desde el Cartel de Lima (ese “Grupo” que reúne
a todos los presidentes sudamericanos narcos, asesinos, golpistas, y lacayos
del imperio) y Yanquilandia, se financió
la juramentación anticonstitucional (y en efecto, golpista) de un tal Juan
Guaidó que hasta hace una semana no conocía ni su familia, como Presidente
Interino en contraste con el aparente dictatorial gobierno de Nicolás Maduro
que de hecho sí fue elegido por comicios en Mayo del año pasado.
Si bien la intención no era hacer un repaso histórico del
tan complicado proceso bolivariano, nos sirve para ver como la metodología
imperialista parece acotada y reciclada, evidenciando que los intereses no
dejaron nunca de ser los mismos, eliminar todo rastro de conciencia popular en
el país con más reservas de petróleo crudo del mundo (algo que los norteamericanos
ya efectuaron en Libia, Irak, y Siria).
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| Carmona arriba y Guaidó abajo, mismo empleador, misma metodología |
Cuando fue el Carmonazo, ese golpe de Estado del que
hablamos más arriba, la figura de Chávez y un contexto regional un poco más
favorable donde la derecha estaba en retroceso, enterraron todos los intereses
yanquis en el olvido y fortalecieron el gobierno chavista. Luego vinieron vientos
relativamente favorables para el continente, donde se llenó de gobiernos
progresistas, algunos más pseudosocialistas que otros, que hicieron de
Venezuela la punta de lanza de lo que parecía un proceso antiimperialista en
toda su extensión. Pero todos los gobiernos (salvo el de Evo Morales en Bolivia
y el ya conocido gobierno sandinista en Nicaragua) que con una débil espalda
política (débil en tanto a tan falta de contenido revolucionario y en
definitiva falta de verdadero contenido antiimperialista) conformaban el asta
de la lanza, que tanto relució en la primera década del Siglo XXI, estallaron
como cristal al chocarse con una derecha radicalizada y organizada, con un
análisis de la situación de clases correcta y con el nada despreciable apoyo
tanto yanqui como de la mass-media global.
Todos estos gobiernos, y las organizaciones que los
sostenían, hoy están sumidas en la más absoluta confusión. El kirchnerismo en
Argentina circunscribe su militancia a twittear fotos de Cristina y llevar
banderas a los cacerolazos, el PT en Brasil parece decidido a no hacer una
autocrítica jamás, a los correístas en Ecuador les pintó la cara su propio
presidente, y en Chile ni siquiera los socialdemócratas pudieron consolidar una
seguidilla de gobiernos progresistas.
Y todas estas fuerzas se la pasaron hablando de Chávez.
Todas estas fuerzas se llenaron la boca hablando del compañero Maduro y del
proceso tan beneficioso y “popular” (si bien los elementos netamente socialistas
del chavismo se cuentan con los dedos de una mano, jamás uno escuchará a un
progresista medio hablar de estas reivindicaciones como verdaderos reclamos
anticapitalistas). Pero cuando sus intereses electorales se ven afectados si se
defiende a Venezuela fervorosamente, cuando los intereses de la clase media que
intentan interpelar sin radicalizar el discurso se pliegan al discurso oficial
promovido por el macrismo bajado de la casa blanca de antichavismo explícito,
los seguidores del que supo ser un gobierno tan amigo de Chávez callan. Quizás
se sube algún flyer, y hasta algún comunicado, pero no se van a apersonar en
las manifestaciones en contra de la agresión, no van a marcar el ataque a
Venezuela como el hito político trascendental del semestre.
Pero los compañeros kirchneristas no son
anticapitalistas. No les interesa cambiar el modo de producción y los cimientos
de la vida en esta nación y en el mundo. Y se podrá dar la discusión muchas veces,
pero esto es así, es su ideología. Lo que es más preocupante respecto a la
situación venezolana es ver a elementos políticos que hasta se definen de
extrema izquierda renegando de Maduro, no convocando a apoyar al pueblo
venezolano, y hasta dándose el lujo de pasearse por los medios de comunicación
antichavistas y dar un discurso que intenta mantener la pureza ideológica pero
no deja de ceñirse al discurso preestablecido por los mismos medios. El decir
ni “Maduro ni Guaidó” no es solamente no tener un análisis político serio, es
demostrar donde se quiere ubicar el análisis de clase. Como decía Lenin en el “Extremismo,
enfermedad infantil del Comunismo”, el compromiso con la clase obrera es lo que
fortalecía al Partido Bolchevique. Y estos muchachos priman su publicación
polémica en su diario digital a apoyar uno de los últimos procesos
antiimperialistas de la región y que con todas las evidentes falencias sigue
siendo la piedra en el zapato de Estados Unidos, y sigue marcándole la agenda
nacional a Trump. En ese contexto, el criticar a Maduro tan abierta y
violentamente ahora queriendo demostrar la propia superioridad moral, es una
irrespetuosidad imperdonable. Imaginemos por un segundo un sujeto que se la
quiera dar de izquierda y pero que cuando Pinochet le hizo el golpe a Allende
no salió a marchar porque tenía críticas con su modelo económico. Esa persona
automáticamente pasaría a ser, o un idiota, o un traidor. Y esta es la
situación que se está dando con Venezuela. Hoy, con la más que probable
invasión yanqui a nuestro país hermano, con la efervescencia derechosa
anticonstitucional, y con los medios globales en contra, apoyar y luchar por la
soberanía política popular venezolana y por la defensa de las conquistas del
chavismo por mas mínimas que sean, que tanto hicieron patalear a la burguesía
internacional, se hace un deber de todo militante de los intereses de la clase obrera.
No hacerlo para no tener mala imagen, y no hacerlo por tener unas críticas
menores (y primar éstos elementos individuales a todo el entramado político
chavista) es, como decía arriba, o de idiota, o de traidor. Termine como
termine la situación en Venezuela tomemos lista y veamos quienes son solo
socialistas en el habla y quienes demuestran un compromiso hasta las últimas
consecuencias para con la clase trabajadora y el Socialismo.
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| El Partido Comunista de la Argentina presente en la embajada de Venezuela el día Miércoles 23 de Enero defendiendo la soberanía bolivariana |
[1] Encomillo Revolución no porque no considere al proceso chavista como un proceso revolucionario, sino porque hay tantas cosas a mejorar, a rehacer, que llamarlo revolucionario a secas, sin aclarar, podría traer varias confusiones de lo que es el Socialismo y lo que no.




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