25 ene 2019

¿Y quién defiende a Venezuela?





Manifestacion chavista donde se ven el "gallo rojo" insignia del Partido Comunista venezolano
que tantas veces dijo presente en la defensa de la soberanía bolivariana a pesar de las
vastas críticas internas al oficialismo del PSUV
En Venezuela desde finales del siglo pasado gracias al impulso de Chávez comenzó un proceso antiimperialista de masas, con aspiraciones primero nacionalistas, y luego socialistas, completamente nuevo en la región sudamericana (exceptuando quizás el intento de Allende en Chile extirpado casi de inmediato por el imperio) y en el país en cuestión. El escenario político allá pasó de una clásica (y aparente eterna) disputa bipartidaria entre derechosos con pequeños matices (siendo esta la tendencia en Venezuela desde 1958 con el retorno de la “democracia”, entre el más socialdemócrata Acción Democrática, y el más conservador COPEI, llegando a extremos donde a finales de la década del 80 más de un 90% de los votos se los repartieron estas dos fuerzas, eliminando todo intento de pluralidad política que hoy estos sectores tanto lloriquean). En este contexto político, el surgimiento de una nueva fuerza con tanta potencia como el chavismo generó toda una sorpresa en los politólogos venezolanos, plegándose también a esta visión los analistas internacionales, presenciando con asombro como cuando las nociones socialistas parecían muertas después del derrumbe soviético, un proceso nace con este discurso y además con facultades inéditas (entre ellas podemos destacar que el principal motor inicial del chavismo fue el ejército, revirtiendo la constante en el continente respecto a las FFAA metiéndose en política, ya que estas instituciones históricamente lo hacían por derecha), contando también con un apoyo popular verdaderamente masivo y constante a lo largo de los años. Tenemos que recordar también al Carmonazo, ese intento de golpe de Estado totalmente fallido realizado por los EEUU en abril de 2002, rotundamente rechazado por el pueblo venezolano y que sirvió como desencadenante de la radicalización ideológica chavista. Este golpe de Estado reviste unas características muy similares, por no decir idénticas, al que se está realizando por estos días.
Chávez hizo del ejército un elemento profundamente
obrero y campesino, a disposición de los intereses revolu-
cionarios.
En un intento desesperado de la derecha al ver el apoyo masivo del pueblo venezolano respecto al gobierno chavista, y presenciando como todos los intentos de desestabilización fracasaron estrepitosamente al haber en Venezuela un ejército y un pueblo comprometido con la “revolución” [1] y una oposición desbandada y mareada, desde el Cartel de Lima (ese “Grupo” que reúne a todos los presidentes sudamericanos narcos, asesinos, golpistas, y lacayos del imperio)  y Yanquilandia, se financió la juramentación anticonstitucional (y en efecto, golpista) de un tal Juan Guaidó que hasta hace una semana no conocía ni su familia, como Presidente Interino en contraste con el aparente dictatorial gobierno de Nicolás Maduro que de hecho sí fue elegido por comicios en Mayo del año pasado.
Si bien la intención no era hacer un repaso histórico del tan complicado proceso bolivariano, nos sirve para ver como la metodología imperialista parece acotada y reciclada, evidenciando que los intereses no dejaron nunca de ser los mismos, eliminar todo rastro de conciencia popular en el país con más reservas de petróleo crudo del mundo (algo que los norteamericanos ya efectuaron en Libia, Irak, y Siria).
Carmona arriba y Guaidó abajo,
mismo empleador, misma metodología
Cuando fue el Carmonazo, ese golpe de Estado del que hablamos más arriba, la figura de Chávez y un contexto regional un poco más favorable donde la derecha estaba en retroceso, enterraron todos los intereses yanquis en el olvido y fortalecieron el gobierno chavista. Luego vinieron vientos relativamente favorables para el continente, donde se llenó de gobiernos progresistas, algunos más pseudosocialistas que otros, que hicieron de Venezuela la punta de lanza de lo que parecía un proceso antiimperialista en toda su extensión. Pero todos los gobiernos (salvo el de Evo Morales en Bolivia y el ya conocido gobierno sandinista en Nicaragua) que con una débil espalda política (débil en tanto a tan falta de contenido revolucionario y en definitiva falta de verdadero contenido antiimperialista) conformaban el asta de la lanza, que tanto relució en la primera década del Siglo XXI, estallaron como cristal al chocarse con una derecha radicalizada y organizada, con un análisis de la situación de clases correcta y con el nada despreciable apoyo tanto yanqui como de la mass-media global.
Todos estos gobiernos, y las organizaciones que los sostenían, hoy están sumidas en la más absoluta confusión. El kirchnerismo en Argentina circunscribe su militancia a twittear fotos de Cristina y llevar banderas a los cacerolazos, el PT en Brasil parece decidido a no hacer una autocrítica jamás, a los correístas en Ecuador les pintó la cara su propio presidente, y en Chile ni siquiera los socialdemócratas pudieron consolidar una seguidilla de gobiernos progresistas.
Y todas estas fuerzas se la pasaron hablando de Chávez. Todas estas fuerzas se llenaron la boca hablando del compañero Maduro y del proceso tan beneficioso y “popular” (si bien los elementos netamente socialistas del chavismo se cuentan con los dedos de una mano, jamás uno escuchará a un progresista medio hablar de estas reivindicaciones como verdaderos reclamos anticapitalistas). Pero cuando sus intereses electorales se ven afectados si se defiende a Venezuela fervorosamente, cuando los intereses de la clase media que intentan interpelar sin radicalizar el discurso se pliegan al discurso oficial promovido por el macrismo bajado de la casa blanca de antichavismo explícito, los seguidores del que supo ser un gobierno tan amigo de Chávez callan. Quizás se sube algún flyer, y hasta algún comunicado, pero no se van a apersonar en las manifestaciones en contra de la agresión, no van a marcar el ataque a Venezuela como el hito político trascendental del semestre.
Pero los compañeros kirchneristas no son anticapitalistas. No les interesa cambiar el modo de producción y los cimientos de la vida en esta nación y en el mundo. Y se podrá dar la discusión muchas veces, pero esto es así, es su ideología. Lo que es más preocupante respecto a la situación venezolana es ver a elementos políticos que hasta se definen de extrema izquierda renegando de Maduro, no convocando a apoyar al pueblo venezolano, y hasta dándose el lujo de pasearse por los medios de comunicación antichavistas y dar un discurso que intenta mantener la pureza ideológica pero no deja de ceñirse al discurso preestablecido por los mismos medios. El decir ni “Maduro ni Guaidó” no es solamente no tener un análisis político serio, es demostrar donde se quiere ubicar el análisis de clase. Como decía Lenin en el “Extremismo, enfermedad infantil del Comunismo”, el compromiso con la clase obrera es lo que fortalecía al Partido Bolchevique. Y estos muchachos priman su publicación polémica en su diario digital a apoyar uno de los últimos procesos antiimperialistas de la región y que con todas las evidentes falencias sigue siendo la piedra en el zapato de Estados Unidos, y sigue marcándole la agenda nacional a Trump. En ese contexto, el criticar a Maduro tan abierta y violentamente ahora queriendo demostrar la propia superioridad moral, es una irrespetuosidad imperdonable. Imaginemos por un segundo un sujeto que se la quiera dar de izquierda y pero que cuando Pinochet le hizo el golpe a Allende no salió a marchar porque tenía críticas con su modelo económico. Esa persona automáticamente pasaría a ser, o un idiota, o un traidor. Y esta es la situación que se está dando con Venezuela. Hoy, con la más que probable invasión yanqui a nuestro país hermano, con la efervescencia derechosa anticonstitucional, y con los medios globales en contra, apoyar y luchar por la soberanía política popular venezolana y por la defensa de las conquistas del chavismo por mas mínimas que sean, que tanto hicieron patalear a la burguesía internacional, se hace un deber de todo militante de los intereses de la clase obrera. No hacerlo para no tener mala imagen, y no hacerlo por tener unas críticas menores (y primar éstos elementos individuales a todo el entramado político chavista) es, como decía arriba, o de idiota, o de traidor. Termine como termine la situación en Venezuela tomemos lista y veamos quienes son solo socialistas en el habla y quienes demuestran un compromiso hasta las últimas consecuencias para con la clase trabajadora y el Socialismo.
El Partido Comunista de la Argentina presente en la embajada de Venezuela el día Miércoles 23 de Enero defendiendo la soberanía bolivariana



[1] Encomillo Revolución no porque no considere al proceso chavista como un proceso revolucionario, sino porque hay tantas cosas a mejorar, a rehacer, que llamarlo revolucionario a secas, sin aclarar, podría traer varias confusiones de lo que es el Socialismo y lo que no.

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