24 dic 2018

El Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político.

Una de las tantas estatuas comunistas derrumbadas por las hordas fascistas en Ucrania
Desde la caída del bloque socialista en los noventa se ha difundido por todos los medios de comunicación y las esferas de poder la “noticia” del “fallecimiento del Comunismo”. Esta estrategia por parte de la burguesía para seguir ganando la lucha de clases debilita al campo popular y fortalece el poder del capital, gracias a la inserción profunda de su mensaje en la clase trabajadora. Esta avanzada anticomunista encuentra su respaldo en la renovación cultural neoliberal de los últimos treinta años promovida por la burguesía, el posmodernismo, que da como muertas las nociones políticas del siglo pasado y se centra en la superficialidad, la espontaneidad y la simpleza, generando así una distorsión de la realidad en los obreros y sus organizaciones, construyendo una figura que antes no habíamos tenido la posibilidad de analizar en toda su extensión: la izquierda posmoderna.
Este verdadero cáncer ideológico crea organizaciones que, bajo banderas de izquierda, difunden un mensaje ineficiente, pasivo, derrotista, alejado de la realidad, y confuso, sobre la lucha de clases. Muchos de estos sectores se definen Socialistas, pero bajo el eslogan revisionista de refundación del Marxismo generan un rejunte ideológico que lo único que logra es garantizarle gobernabilidad al enemigo.
Por estos días se ve la proliferación de organizaciones (sobre todo con sectores mayoritariamente estudiantiles o pequeñoburgueses) que dejan el estudio teórico a un lado y ejecutan la práctica espontánea de lo que ellos consideran emancipador, alternativo, o simplemente molesto, en general manteniéndose en una simple reacción de los sucesos sin planteamientos políticos propios, demostrando así el desconocimiento total de las reflexiones de Lenin en “Que hacer” (más vigentes que nunca) que desarrollaba como los movimientos espontáneos dentro de un marco burgués (es decir, sin teoría Marxista en ellos) solo pueden moverse en el marco político que le dé la burguesía, incapacitando así su catálogo de tácticas y análisis, y cercenando su potencial revolucionario. Un partido que no haga un análisis dialéctico de la situación de clases con miras a alcanzar el Socialismo no puede ni soñar con derrumbar al Capitalismo (y ni hablar de las organizaciones que ni plantean luchar contra el mismo pero siguen exigiendo ser llamadas de izquierda). Es muy común ver también en estas fuerzas nociones muy ambiguas y abstractas que son tomadas como definiciones políticas de la mas absoluta seriedad, tales como "latinoamericanistas", "rebelde", o "populares", que no son más que simples palabras al no tener un programa Marxista-Leninista que plantee la ejecución y adminsitración de un aparato estatal garantizador de todos los términos tan biensonantes y agradables que proliferan en la izquierda hoy día. Parece que la no definición y el afán de renovar lo que "fue derrotado el siglo pasado" es el objetivo de los ideólogos de estas fuerzas ¿Estos dirigentes sabrán lo dañinas que son sus ideas para el pueblo al impedir su organización verdaderamente revolucionaria? Si no lo saben son crédulos y si lo saben son traidores, siendo incapaces de una u otra forma de llevar a cabo eficientemente la lucha de clases.
Es llamativo el derrotismo en muchos de nuestros compañeros militantes de estas fuerzas, la constante victimización y el intento de generar la divisón de buenos-malos (corriendo el foco de la lucha de clases y fijándola en un campo mas poético y hasta metafísico), completamente comprensible si vemos que estos militantes no planifican en su fuerza un plan revolucionario, no proyectan una meta, sino que esperan por azar vencer una lucha centenaria que ven constantemente derrotada y de la que ni siquiera intentan definir el índole de la misma, viéndose sin sogas donde agarrarse al ahogarse en el desconcierto y la abstracción ideológica, directamente nacidos de su posmodernismo ideológico inconscientemente asimilado. Huelga aclarar que muchas organizaciones kirchneristas también son partícipes de estas nociones antimarxistas pero al ser un sector que no plantea el derrumbe del Capitalismo no tiene sentido echarles en cara estos accionares que le vienen como anillo al dedo para sostener ideológicamente su reformismo y falta de profundización.
El problema entonces son las organizaciones de izquierda contaminadas por el posmodernismo que toman al Socialismo como concepto idealista y no como proyecto político, como objetivo partidario, como modelo de sociedad y como único plan Revolucionario concreto.
 Pero ¿Por qué esto es tan alarmante? ¿No es mas preocupante la avanzada de la derecha? No podemos hablar de derrotar a la derecha teniendo un campo popular que no solo está pésimamente organizado sino que desde sus raíces incuba estas nociones tan dañinas, ya desarrolladas anteriormente, que impiden la realización efectiva de todo proyecto político profundo y anticapitalista. No faltan las organizaciones de ésta índole que plantean el retorno del Kirchnerismo para luego ya más cómodas pensar en la lucha de clases y en el Socialismo. El análisis Marxista se hace todo el tiempo y si bien no es descabellado llegar a la conclusión de que un gobierno Kirchnerista sería el primer paso lógico, el no plantear una serie de medidas inmediatas de índole revolucionarias y Socialistas (cosa que no hacen) es caer en el confort que constantemente plantea el posmodernismo del autopercibimiento revolucionario pero la completa funcionalidad a la burguesía. Y esta es una conclusión interesante: El posmodernismo hace constamente análisis con aires revolucionarios sobre aristas de la sociedad completamente inútiles, tales como la composición orgánica de una pareja, la violencia en el fútbol o las inmoralidades de ser carnívoros, no dejando lugar a la proyección revolucionaria real y tangible.
¿Cómo contrarrestar esto? Militando un Partido que tenga un análisis de clase, que se plantee al Socialismo como única opción política efectiva y organice sus tácticas y estrategias en base a este fin, que no caiga en espontaneidades y simples reacciones, que sea ajeno y enemigo declarado del posmodernismo, que lleve a cabo la lucha dialécticamente, generando y dirigiendo espacios políticos allí donde la clase trabajadora los exija. Un Partido Marxista-Leninista. En mi opinión, el Partido Comunista de la Argentina.
Es cierto que en la gran mayoría de países (y Argentina no es la excepción) los PC’s se han visto afectados en las últimas décadas, alejados de la vida política nacional, disminuída su militancia y relegados a los libros de historia (demostrando así una vez más el triunfo de la avanzada neoliberal mediante el posmodernismo en la visión cultural obrera, al ser fortalecidos con la misma proporción las fuerzas antimarxistas en la izquierda y el poder del capital), pero también es cierto que está habiendo una nueva generación de Comunistas, alejados del negativismo de los camaradas que vieron el derrumbe socialista en el siglo pasado, que plantean un Marxismo-Leninismo libre de revisionismos y mantienen una visión fresca y optimista sobre la lucha revolucionaria, y es ésta una generación de revolucionarios que cada vez se aglutina más y más en torno a los Partidos Comunistas de sus respectivos países, luchando por hacerles llegar a los trabajadores nuevamente la única herramienta política en la historia que ha representado y representará sus intereses de clase y les asegura el triunfo del Socialismo, única escapatoria a las injusticias. Las ventajas del Partido Comunista por sobre el resto del campo popular (sin desmerecer jamás al resto de los compañeros) son varias, y resumidamente podemos nombrar la existencia de un aparato partidario centenario preparado para cualquier revés y para cualquier clase de lucha, organismos de formación ideológica de excelencia regional y de completa accesibilidad, espacios de discusión intrapartidarios envidiables por cualquier otro partido, prestigio histórico y respeto societario, conexión internacionalista extremadamente necesaria en estos días entre Partidos Comunistas de todo el mundo, y un gran etcétera.
20° Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros en Atenas, Grecia, noviembre 2018. 
Ahora se está dando por primera vez en Argentina y en el mundo la dicotomía entre la izquierda posmoderna, funcional, antidialéctica, vacía, revisionista, alejada de los intereses obreros, y muy dañina, y la juventud Marxista-Leninista renovada, con aceitados conocimientos revolucionarios, grandes ideas y programas, poseedora de un aparato partidario abrumadoramente superior, y profundas convicciones ideológicas.
Y es en esta coyuntura que el todavía militar en las agrupaciones tergiversadoras de términos, carentes de horizontes revolucionarios, funcionales por lo tanto al Capitalismo y traidoras a su clase, es totalmente falto de explicación. Los Partidos Comunistas y el Partido Comunista de la Argentina poseen muchas controversias y contradicciones tanto históricas como internas (como toda organización nacida en la clase obrera), pero a la par posee toda la serie de herramientas maravillosas ya nombradas, herencia más que valiosa de los camaradas a lo largo de más de doscientos años, ajenas a cualquier otra fuerza, que amplía las posibilidades de victoria y garantiza un sano desarrollo de la lucha revolucionaria. Nunca en ningún país hubo una experiencia popular victoriosa que no tuviese en su dirigencia o en su interior al Partido Comunista, y no es por coincidencia.
Dejemos la fraseología vacía que solo aleja a la clase trabajadora de su propio proyecto político, paremos de usar términos por compromiso, y de echarle fichas a fuerzas absolutamente vacías sin miras a la instauración del Socialismo, basta de recriminarle pequeñeces a los comunistas para así seguir excusando en definitiva la propia falta de compromiso con el Socialismo y con el pueblo. Demostremos que las ideas Marxistas no están muertas al declararle la guerra efectiva a los capitalistas.
Hoy la izquierda en Argentina parece existir solo por compromiso, para llenar el tarro, que por todos los males ya nombrados genera una funcionalidad total a la burguesía. Hagamos de la izquierda un espacio revolucionario. No perdamos la batalla cultural que el posmodernismo constantemente se plantea ganar, construyamos Comunismo en el Partido Comunista y en la Federación Juvenil Comunista y dejemos atrás la militancia fútil.

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