Antes de empezar a exponer lo que pienso sobre la campaña quiero aclarar que la situación de la Iglesia Católica en Argentina me parece nefasta, considero irrisorio el salario de casi $90.000 a los obispos y todos los demás gastos, como también me parece medieval que en la constitución de un país se establezca un culto oficial, rechazo firmemente que no estén igualmente tratadas las demás religiones, considero pésimo que en algunos lugares del país se siga impartiendo educación religiosa, y creo en el Estado laico con libertad de culto y sin financiación a ninguna religión promoviendo el pensamiento científico.
En este último año se lanzó en Argentina la campaña por la
Separación de la Iglesia y el Estado con una adhesión casi inmediata, mecánica,
de los sectores del campo popular (con algunas excepciones sobre todo de los
sectores más pobres y vulnerados socialmente, profundamente religiosos),
generando discusiones en algunas esferas de la sociedad sobre la apostasía
(darse de baja de la Iglesia Católica anulando el bautismo), la educación
laica, la aplicación de la ESI, el gasto del Estado en la Iglesia, y legalización
del aborto, etcétera. ¿Pero todas estas discusiones, que puerto tienen? Es
simple responder que se busca un Estado laico y es igualmente de fácil como
marxista verse identificado en este reclamo tan antiguo como Marx, pero acá nos
quiero preguntar: ¿Realmente el hacer una declaración es garante de un reclamo
legítimo? ¿Existe un horizonte político para esta campaña? Yo creo que no.
Me parece que el hablar de un Estado laico estamos hablando
de un Estado que imparta educación basada en preceptos científicos y no religiosos,
libre de oscurantismos, y fundamentalmente que no considere como nacional
ningún culto religioso, y hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero para que
este proyecto se lleve a cabo tenemos que estar hablando de todo un entramado
político que respalde esta decisión y que mantenga un control estrechísimo sobre
la Iglesia como institución, es decir, un proyecto revolucionario socialista.
Por un momento imaginemos a la Iglesia Católica liberada
del Estado, pero en un marco todavía burgués, sin las ataduras que esta campaña
tanto llama a cortar bajo el grito de “Que ellos se paguen sus creencias” (dejando
de lado el hecho de que “ellos” es el 80% católico de la población argentina). La
Iglesia tranquilamente podrá costearse los gastos a la vez que ve el camino más
despejado a operar como una empresa en toda su extensión, generando un fenómeno
parecido al de los evangélicos, pero con unos números totalmente superiores, y
llamando a todos sus adeptos religiosos (que reitero, son la absoluta mayoría
del pueblo argentino) a defender la santa creencia, y ganando cualquier clase
de escaramuza política que se propongan, ¿Realmente creemos que la Iglesia va a
verse afectada si el Estado la deja de financiar? No, no lo creemos, y por eso
esta campaña no tiene efecto, porque se sabe que una escisión inmediata sería
una catástrofe y en el peor de los casos un sinsentido, pero se ve que por
algún motivo lo seguimos reclamando, porque parece que la izquierda se comió el
cuento de la derecha de que nuestros reclamos son inútiles y lo hacemos por
compromiso. Por supuesto que los elementos trotskistas que presentaron esta
moción en las cámaras no lo hicieron pensando en una victoria, sino que lo
hicieron por inercia, porque suena revolucionario y polémico y lo tienen que
hacer, pero solo demuestran así su alejamiento total de la clase trabajadora
argentina y falta de visión revolucionaria.
Cito a Lenin en 1909 escribiendo un artículo titulado "Actitud del partido obrero hacia la religión" para el folleto Proletarios: “Sin embargo, Engels condenó al mismo tiempo más de una vez los intentos de quienes, con el deseo de ser "más izquierdistas" o "más revolucionarios" que la socialdemocracia, pretendían introducir en el programa del partido obrero el reconocimiento categórico del ateísmo como una declaración de guerra a la religión. Al referirse en 1874 al célebre manifiesto de los comuneros blanquistas emigrados en Londres, Engels calificaba de estupidez su vocinglera declaración de guerra a la religión, afirmando que semejante actitud era el medio mejor de avivar el interés por la religión y de dificultar la verdadera extinción de la misma. Engels acusaba a los blanquistas de ser incapaces de comprender que sólo la lucha de clase de las masas obreras, al atraer ampliamente a las vastas capas proletarias a una práctica social consciente y revolucionaria, será capaz de librar de verdad a las masas oprimidas del yugo de la religión, en tanto que declarar como misión política del partido obrero la guerra a la religión es una frase anarquista”
Para conseguir el Estado laico tenemos que tener un Estado
Socialista que bajo la bandera del Partido Comunista lleve a las grandes masas
trabajadoras del país a una concepción laica sobre el Estado (no necesariamente
atea sobre la vida) mientras éstas están en el poder. Yo milito por un Estado laico,
pero porque antes que nada milito por un Estado Socialista. Me parece que la
militancia por la campaña ésta es una pérdida de tiempo total, que solo pone en
discusión el laicismo en alguna que otra asamblea de una facultad, y que expone
a los sectores del campo popular adherentes a esta campaña venenosa a un
alejamiento gradual del pueblo y a un peligroso contraataque de la Iglesia.
El pueblo es el sujeto revolucionario y en Argentina el
pueblo es católico, declararle la guerra a la religión de una manera tan
estúpida y sin una plataforma política Comunista que plantee un Estado obrero
sólido y un estrechísimo control sobre las instituciones eclesiásticas es
perder el tiempo y de una manera muy peligrosa.
Este reclamo es fútil, inútil, sin puerto. ¿Alguien en
serio cuando se pone el pañuelo naranja cree que está derrumbando la imagen
pública de la Iglesia? ¿Cuándo se ponen mesas en Caballito y se logran hacer
apostatar a un par de personas en serio creemos que se está perdiendo plata?
No, no lo creemos, y sabemos que es todo maquillaje, pero lo seguimos haciendo
porque parece que para algunos luchar por el Socialismo les sacaría mucho
tiempo y el posmodernismo nos destrozó por adentro y nos hizo una máquina de
reclamos parciales e inútiles.
Militemos el Estado laico, pero en su única forma posible, el Estado Socialista.
Militemos el Estado laico, pero en su única forma posible, el Estado Socialista.

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