20 dic 2018

La mentira del "testamento" de Lenin


Lenin ya enfermo


La historiografía burguesa en su afán por tergiversar la historia para difamar a los movimientos revolucionarios (desde la Revolución Rusa hasta el proceso chavista en Venezuela, entre muchísimos otros) se ha puesto como meta la creación, divulgación y efusiva defensa de una serie de mentiras aberrantes y montajes ridículos que a lo largo de los años y fundamentalmente después de la caída de la Unión Soviética en 1991 se han instalado como “verdades absolutas” incuestionables y hechos consumados. Entre la enorme montaña de basura que los reaccionarios han escrito sobre el proceso soviético hay un hombre en particular, el camarada José Stalin, que se ha visto enfrentado, aún después de su muerte, a una caterva de difamaciones y falacias incongruentes y ridiculísimas. Desde los genocidios mágicos en Ucrania que no alteran el crecimiento demográfico o los encarcelamientos a nazis y terroristas totalmente faltos de justificación para los historiadores corrientes, la lista es extensísima. Pero hay un relato en particular que ha sido recogido no solo por la derecha recalcitrante sino por varios sectores que quieren ser autodenominados de izquierda (anarquistas, troskos, socialdemócratas, y gusanos varios), y este es el famoso “testamento” de Lenin. Este documento para los sectores anteriormente nombrados es la prueba definitiva, la quintaesencia de su discurso, la evidencia irrefutable de la perversión, la traición de Stalin hacia el proyecto bolchevique. Este argumento es tan maravillosamente ridículo, rebatible, falto de sentido, y escandalosamente falso, que nos viene como anillo al dedo para ver la metodología utilizada por el enemigo para difundir por todos lados su veneno, y nos enseña lo fácil que es dar vuelta el discurso anticomunista.

Antes de comenzar tenemos que tener bien en claro que Lenin jamás escribió ningún testamento, y se le denomina así erróneamente a una serie de cartas (muchas de ellas dictadas, debido a la enfermedad del camarada que le inhabilitó el escribir en los últimos meses de su vida) en un período entre finales de 1922 y comienzos de 1923, que no eran una serie de ordenes desde su camilla como lo quieren presentar (esto dicho sea de paso sería absolutamente inaceptable. Un comunista jamás dejaría un testamento diciendo quien “lo tiene que suceder” y mucho menos Lenin, siendo ésta una metodología que va en contra de todos los conceptos del funcionamiento de un Partido Comunista), sino una serie de pensamientos sobre diversos puntos de la vida política soviética que iban desde la organización agroindustrial, hasta opiniones sobre cooperativas y teorizaciones sobre las nacionalidades, y un gran etcétera, que eran presentados a los miembros del Buró Político del CC del PCUS (de ahora en más vamos a decirle PCUS al Partido Comunista de la Unión Soviética) mediante sus secretarias y su esposa. Otro punto a aclarar es que Stalin era Secretario General del PCUS desde el 2 de abril de 1922 por propuesta de Lenin y arrollador triunfo en la votación del XI Congreso del Partido.
Pero específicamente Lenin dicta (él ya no podía moverse) el 23, 24, y 25 de diciembre de 1922 una serie de pensamientos sobre la situación inestable en el CC del PCUS y las particularidades de sus miembros, pero que no son presentados al Comité en esos días, sino recién todos juntos el 28 de mayo de 1924 cuatro meses después de su muerte “por voluntad de Lenin” mediante su esposa Nadezhda Krúpskaya, a las vísperas del XIII congreso del PCUS.
Extracto del dictado del día 24 de diciembre de 1922: “El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos. Estas dos cualidades de dos destacados jefes del CC actual pueden llevar sin quererlo a la escisión, y si nuestro Partido no toma medidas para impedirlo, la escisión puede venir sin que nadie lo espere.”
Luego Lenin continúa con las impresiones personales de los demás miembros del CC (véase Bujárin, Zinóviev, Kámenev y Piakátov). Como podemos ver no hay absolutamente ninguna alusión a remover a Stalin del cargo, hay un simple aviso sobre posibles errores en la ejecución del mismo.
El 4 de enero de 1923, es decir, 10 días después, está registrado un hipotético suplemento a la carta anterior mencionada, y que es entregado junto con los demás textos en la misma fecha post mortem, que es el siguiente.

Suplemento a la carta del 24 de diciembre de 1922 emitido el 4 de enero de 1923: “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”

Aquí vemos cómo Lenin, un hombre recto en su forma de pensar toda su vida y muy poco tendente a caer bajo sus impulsos, parece cambiar en poco más de una semana de postura en un tema tan delicado como la remoción del cargo del Secretario General del Partido Comunista que el mismo había nombrado hacía poco más de un año, y si verdaderamente hubiese querido calmar las aguas en el Partido, ¿No hubiese sido más fácil echar a Trotsky, personalidad con la que dicho sea de paso ya había tenido innumerables roces? De todas formas, esta modalidad va nuevamente en contra de los funcionamientos del Partido Comunista que el camarada conocía porque fue el principal impulsor. Considero una falta de respeto atribuirle tales deseos infantiles a un comunista de la talla de Lenin. ¿Qué podría haber pasado en esos diez días que aparentemente cambiaron totalmente la forma de ver las cosas para Lenin?
Lo único que ocurrió medianamente trascendente en ese lapso de tiempo fue que Stalin se peleó con la esposa de Lenin, Nadezhda Krúpskaya, por teléfono. En serio.
Stalin fue desde sus primeras interacciones con el dirigente soviético un gran confidente y amigo de Lenin, siendo de los pocos que pueden decir que siempre estuvieron del lado leninista en todas las discusiones en el periodo prerrevolucionario, llegando incluso a quedar el primero a cuidado del último cuando sus malestares físicos empeoraron en la segunda mitad de 1921. Stalin fue el encargado designado por el CC del PCUS de cuidarlo en nombre del Partido y de asegurarse el buen desarrollo de su tratamiento médico.
Lenin y Stalin en Gorki, 1922.

En comienzos de diciembre de 1922, es decir, antes de toda la serie de dictados de Lenin sobre el CC del PCUS, la enfermedad del líder soviético empeora peligrosamente, siendo ordenado por los médicos el alejamiento de toda vida política por su salud. Stalin era el encargado de que todo esto se cumpla. Es absolutamente comprensible que Lenin haya querido seguir metido en política y el 21 de diciembre de 1922 se cartea con Trotsky mediante Krúpskaya sobre cuestiones relativas al monopolio del comercio exterior. Stalin se entera de esto el 22 de diciembre de 1922 y se comunica inmediatamente con la camarada en un tono probablemente poco grato sabiendo que estaba violando todos los postulados médicos designados. Todo esto lo sabemos por una carta de Krúpskaya a Kámenev de la cual citamos un extracto a continuación:

Carta de Krúpskaya a Kámenev el 23 de diciembre de 1922: “Stalin se ha permitido ayer una brutalidad inaudita hacia mí. Yo no ingresé ayer en el Partido. Estoy en él hace 30 años, jamás he oído ninguna palabra brutal de un camarada. Los intereses del Partido y de Illich (Lenin) no me son menos queridos que a Stalin. Ahora necesito un máximo de sangre fría. Sé mejor que cualquier médico de que puedo y de que no puedo hablar con Illich.”

No se puede culpar a Krúpskaya de cumplirle a su marido sus deseos en sus últimos días si además entendemos que tenía los nervios a flor de piel como bien relata ella cuando comenta que necesita su máximo de sangre fría. Esto podría haber quedado en una anécdota y poco más, estamos todos de acuerdo que no es para nada motivo de destitución de un Secretario General y Lenin comprendería esto mucho mejor, más habiéndolo formado él. Stalin continúa cuidando a Lenin hasta su muerte siendo su contacto más confiable, y esto es demostrado por un documento presentado por Stalin en el CC del PCUS a comienzos de marzo de 1923 en el que el Secretario General advierte de la petición de Lenin de que el primero ayude a envenenarlo, diciendo Stalin que esta petición no debería ser cumplida bajo ningún motivo y presumiblemente redoblando los cuidados sobre el mismo. No hay motivos por los que Stalin falsificaría esta situación y solo ratifica la confianza que había entre ambos líderes.

¿Entonces qué pasó entre Krúpskaya y Stalin? Lenin solo nombra la situación de la pelea en una muy dudosa carta emitida el 5 de marzo de 1923 que solo existió en copias de Kámenev y Zinóviev, que Stalin jamás parece haber recibido y que ni vale la pena citar aquí (pero al final de la entrada está el enlace), en la que Lenin amenaza con cortar la relación entre ambos si el camarada no se disculpaba con su esposa. Es extraño que exija solucionar la situación tres meses después de lo sucedido y no en la semana entre finales de diciembre y comienzos de enero donde presuntamente Lenin decide apartar a Stalin, en simultáneo que le pide a éste que lo envenene en un acto de misericordia.

Recordemos que estos documentos que presuntamente demuestran que Lenin consideró a Stalin en secreto una carga para el Partido fueron presentados después de su muerte (¿Si hay alguien que realmente es un peligro no es mejor solucionarlo inmediatamente?) y con metodologías impropias de un comunista. Es imposible no dudar de su veracidad
Veraz o no, Krúpskaya entrega el compilado de supuestas cartas reveladoras a vísperas de un Congreso muy álgido en 1924 (el XIII). En él se discutió el artículo del 4 de enero de 1923 que aparentemente solicitaba el apartamiento de Stalin del PCUS, y entre más de 700 delegados se ratificó la permanencia del cargo del Secretario General. Agrego que en este Congreso por una mayoría aplastante se consideró al trotskismo enemigo del leninismo.
De todas formas, Stalin en persona habló de esta burda mentira llamada testamento de Lenin (que inmediatamente después de su pública exposición fue utilizada por el trotskismo a nivel mundial para deslegitimar al poder soviético) ratificando su grandeza como dirigente, su capacidad de autocrítica y en mi humilde opinión su justeza en la acción.

Extraído de "La oposición trotskista, antes y ahora", discurso en la reunión del pleno conjunto del CC del PCUS el 23 de octubre de 1927:"Se dice que, en este “testamento”, el camarada Lenin proponía al Congreso que, en vista de la “rudeza” de Stalin, reflexionase acerca de la sustitución de Stalin en el cargo de Secretario General. Esto es la pura verdad. Sí, camaradas, yo soy rudo con quienes brutal y arteramente destruyen y dividen el Partido. No lo oculto ni lo he ocultado. Es posible que se requiera cierta suavidad para con los escisionistas. Pero yo no valgo para eso. En la primera reunión plenaria del C.C. después del XIII Congreso pedí ya al Pleno del C.C. que me relevara de las funciones de Secretario General. El propio Congreso examinó esta cuestión. Cada delegación la examinó, y todas, incluyendo a Trotsky, Kámenev y Zinóviev, impusieron por unanimidad a Stalin que permaneciera en su cargo.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer.
¿Qué podía hacer yo? ¿Abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer. Un año más tarde volví a pedir al Pleno que se me relevara, pero de nuevo se me impuso que permaneciera en el cargo."

Espero haber aportado a limpiar la figura de uno de nuestros mayores camaradas José Stalin, y a desmentir una de las tantas falacias que fascistas, liberales, y trotskistas, acuerdan en divulgar.

Dictados de Lenin de diciembre de 1922 e hipotético anexo de 1923
Jruschov citando la carta de Krúpskaya a Kamenev en su nefasto discurso secreto. Párrafo N°12
Hipotética carta de Lenin a Stalin el 5 de marzo de 1923
Pensamientos de Stalin

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